SI OYES SU VOZ

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Lee Hebreos 3:1–11

Después del patriarca Abraham del Antiguo Testamento, quizás ninguna figura humana fue tan apreciada por los destinatarios de esta carta como Moisés. Filón de Alejandría, un filósofo judío que vivió en la época de Cristo, escribió que Moisés actuó como profeta, sacerdote, rey y legislador.

El autor de Hebreos utiliza a Moisés para mostrar que Jesús es mejor. En Hebreos 3:1 el escritor llama a Jesús apóstol. Es el único lugar en el Nuevo Testamento donde se usa este término para referirse a Jesús. El título no pretende rebajar el estatus de Jesús sino mostrar que, al igual que Moisés, Jesús era un mensajero autorizado de Dios.

Tanto Moisés como Jesús sirvieron como representantes de Dios ante Su pueblo. Pero hay una clara diferencia. El versículo 3 señala lo que hace a Jesús digno de un honor aún mayor. Moisés era un siervo, pero Jesús era el “constructor”. Moisés fue el mensajero de Dios, pero Jesús es el hijo de Dios y el creador (v. 6). Si los lectores de esta carta respetaron el mensaje que les llegó por medio de Moisés, tienen aún más razones para considerar el mensaje que les llegó por medio de Cristo.

Pero el escritor va un paso más allá al señalar que Moisés dio testimonio de Jesús (v. 5). De esta manera, Moisés no sólo era siervo de Dios sino también siervo de Cristo. Esta declaración hace eco de la afirmación de Jesús en Juan 5:39 de que las palabras del Antiguo Testamento “son ellas las que dan testimonio en mi favor”. En consecuencia, aquellos que ignoran el mensaje de Cristo cometen el mismo error que la generación desobediente que pereció en el desierto después del éxodo (vv. 7–11). Aquellos que rechazan a Cristo rechazan a Dios y se pierden el descanso que Él ha prometido a todos los que vienen a Él con fe (Mateo 11:28–30). Si has escuchado Su llamado, ¡no lo ignores!

  • ¿Por qué los destinatarios de esta carta estimaban tanto a Moisés? ¿Qué distinción tiene Jesús que Moisés no tiene?

Ora con nosotros

Que nunca olvidemos Tu voz. En las dificultades y tentaciones, recordemos las palabras de Job, de las que hace eco el famoso himno: “Yo sé que vive mi Señor. Él vive, y yo lo honraré . . . Gozoso canto con fervor, yo sé que vive mi Señor”.

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