Lee Romanos 3:1–20
Hace algunos años visité al médico para conocer los resultados de unos exámenes de rutina. Esperaba un buen informe. Sin embargo, me dijo que tenía un tipo de cáncer. Como te puedes imaginar, estaba alterado. Pero para mí alivio, dijo que el cáncer era tratable y que mi probabilidad de recuperación era buena.
Podemos preguntarnos por qué Dios dio la ley si su único propósito era mostrar que somos pecadores. Sin embargo, el versículo uno dice que la ley tiene valor. Nuestro fracaso de no estar a la altura no disminuye la validez de la ley. Nuestra condición pecaminosa tampoco hace que Dios sea injusto al exigirnos esta norma (v. 5). Entonces, ¿por qué dio la ley Dios? Una de las razones era romper nuestra negación. La ley nos ayuda a ser reales acerca de nuestro pecado. La ley de Dios enseña que no hay justo, “ni siquiera uno” (v. 10).
Las citas en los versículos 10–18 provienen de Isaías y los Salmos y ofrecen una fuerte descripción del comportamiento humano. Revelan que estamos huyendo de Dios incluso cuando parecemos ser más religiosos. Abandonados a nosotros mismos, nadie buscaría a Dios. Esto puede ser difícil de aceptar. Pero es la verdad. Al igual que el diagnóstico de cáncer de un médico, es doloroso escuchar acerca de nuestra condición hasta que nos damos cuenta de que hay una solución. Es mucho mejor conocer nuestra verdadera condición espiritual que pensar que estamos mejor de lo que realmente es. El saber la diferencia entre el bien y el mal no es suficiente. Los que tenían la ley de Dios no eran más justos que los que no la tenían sólo porque conocían la verdad.
- ¿Por qué, entonces, dio la ley Dios? Él no la dio como una manera que nos permitiría subir a Su presencia. En cambio, nos dio la ley como un espejo. Cuando miramos la ley, “cobramos conciencia del pecado” (v. 20).
See omnystudio.com/listener for privacy information.





