ESPERANZA EN SU PRESENCIA

ESPERANZA EN SU PRESENCIA

Lee Mateo 9:18–38

Imagínate a un granjero contemplando un campo árido, sosteniendo una mazorca de maíz seca. En sus manos está el potencial de una cosecha rica y abundante para la próxima temporada de cultivo. Es fácil ver cómo esta idea podría infundir en él una esperanza profunda que lo motivará en el largo camino que le espera hasta la cosecha.

En Mateo 9, se entrelazan dos historias de milagros: un padre desesperado que busca ayuda para su hija sin vida (v. 18) y una mujer que ha aguantado doce años de sufrimiento (v. 20). Cada relato está marcado por la esperanza y la confianza en Jesús y culmina en una demostración dramática de Su poder sanador.

Estas historias revelan dos verdades importantes. Primero, Jesús estaba presente en medio de ellos (vv. 18, 20). El conocimiento de que Dios está con nosotros puede darnos esperanza, incluso en situaciones desesperadas. Más adelante, cuando Jesús estuvo físicamente entre la gente y vio sus necesidades (v. 35), tuvo “tuvo compasión de ellas, porque estaban agobiadas y desamparadas” (v. 36).

Segundo, la esperanza en Dios requiere fe. Cuando estas personas se enfrentaron a la muerte y a enfermedades incurables, buscaron al Señor y Su toque sanador. Tanto el gobernante como la mujer que sangraba tenían fe (vv. 18, 22) en que Jesús podía cambiar sus situaciones y Él honró su fe.

Estos dos individuos desesperados fueron rápidamente transformados por la presencia y el poder del Señor. Si te enfrentas a una circunstancia preocupante, permita que el Señor te hable poderosa y personalmente. Si conoces a otros que están sufriendo, busca maneras de infundirles la esperanza de un Dios amoroso y siempre presente. Así como un agricultor tiene esperanza cuando planta una semilla en un terreno estéril, nosotros podemos tener confianza y esperanza de que cuando el Señor aparezca, las cosas pueden cambiar radicalmente.

  • Compara y contrasta los dos milagros en este pasaje. ¿Qué es igual? ¿Qué fue único? ¿Cómo enmarcan estas dos verdades nuestra respuesta a las pruebas?

Ora con nosotros

“¿A quién tengo en el cielo sino a ti? Si estoy contigo, ya nada quiero en la tierra. Podrán desfallecer mi cuerpo y mi corazón, pero Dios es la roca de mi corazón; él es mi herencia eterna” (Salmos 73:25-26).

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