Lee Jeremías 18:1–10
Mi hija menor y yo recientemente salimos en una “cita de padre e hija” a una tienda de cerámica. Mientras hablábamos, pintó una caja redonda con un arcoíris de colores brillantes. Dos semanas después, recogimos la pieza terminada, que había sido vidriada y cocida en un horno. Este hermoso recuerdo está en un estante frente a mí mientras escribo esta oración.
Por indicación de Dios, Jeremías también visitó una tienda de cerámica (vv. 1–4). Prestó especial atención cuando el alfarero partió una olla en el torno y la transformó en otra cosa. En aquellos días, un alfarero trabajaba con dos piedras planas y circulares (ruedas) montadas en una varilla o eje. La rueda inferior se hacía girar con el pie, mientras que el alfarero trabajaba la arcilla en la rueda superior.
Este episodio se convirtió en otra lección práctica (vv. 5–10). Dios es el Alfarero; Israel es el barro. Como Creador soberano, tiene derecho a hacer lo que le plazca. Cuando el barro no se somete, Él lo rehará como le plazca. Las mismas dos condiciones de la lectura de ayer también se aplican aquí: si el pueblo se arrepiente, entonces Dios se arrepentirá del juicio. Pero si continuaban pecando, entonces Dios se “arrepentiría” de la bendición que había planeado para ellos.
Isaías usó la misma imagen para señalar quién estaba a cargo, acusando a Israel: “¡Qué manera de falsear las cosas! ¿Acaso el alfarero es igual al barro?” (Isaías 29:16; 45:9). Pablo citó de manera similar a Isaías, pero probablemente también tenía en mente a Jeremías cuando amonestó: “¿Quién eres tú para pedirle cuentas a Dios? ‘¿Acaso le dirá la olla de barro al que la moldeó: ‘¿Por qué me hiciste así?’” (Romanos 9:20–21).
Lectura ampliada: Jeremías 18
- El canto, “El alfarero” de Evan Craft, incluye imágenes del barro y el alfarero rindiéndose a la voluntad del Señor. ¿Por qué no cantarlo hoy como parte de tu devocional personal?
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