DE UNA VEZ, PARA SIEMPRE

DE UNA VEZ, PARA SIEMPRE

Lee Hebreos 10:11–18

Las instrucciones en la mayoría de las botellas de champú indican a los usuarios “lavar, enjuagar y repetir”. A veces llamado algoritmo del champú, estas palabras (especialmente la tercera) probablemente hayan generado más dinero para los fabricantes de productos para el cabello que cualquier otra cosa que hayan escrito sus departamentos de mercadeo.

Puede parecer que el autor de Hebreos insiste en el hecho de que los sacrificios de la ley se repetían. Pero este es un punto esencial en el argumento del autor sobre la superioridad de Cristo. Las ofrendas del sacerdocio levítico eran (¡por necesidad!) un hecho diario. El hecho de que tuvieran que hacerse “repetidas veces” era una prueba de que esos sacrificios “nunca podían quitar los pecados” (v. 11).

Pero el sacerdocio de Jesús es diferente. En lugar de ser sacrificado repetidamente, Él “después de ofrecer por los pecados un solo sacrificio para siempre . . . se sentó a la derecha de Dios” (v. 12). La obra de Jesús es definitiva. Dos hechos señalan la permanencia de la ofrenda de Jesús. Uno es que Jesús ahora está en espera de que Sus enemigos sean puestos bajo Sus pies (v. 13). El otro es el efecto de Su sacrificio sobre los que creen. Con un solo sacrificio, Jesús “ha perfeccionado para siempre a los que han sido santificados” (v. 14). Aunque continuamos creciendo en santidad, nuestra obediencia no añade nada a lo que Cristo ya ha hecho. Ha proporcionado una justicia perfecta que no se puede mejorar.

Aquellos a quienes se les ha dado la justicia de Cristo aprenden a practicar esta justicia. Esta obra del Espíritu Santo, también conocida como santificación, trae la perfección que Jesús nos ha dado como regalo a nuestra experiencia diaria mediante la práctica. Dios pone Su ley en nuestros corazones y la escribe en nuestra mente (v. 16). Pero la santificación siempre comienza con el perdón y la justificación por medio de Cristo. Donde ha habido perdón, ya no hay necesidad de sacrificio (vv. 17–18).

  • ¿Qué es la santificación? ¿Cómo empieza? ¿Cómo has experimentado la santificación en tu vida?

Ora con nosotros

¿Perfecto y santo? ¡Esos no somos nosotros, Señor! Pero Hebreos dice que Tu sacrificio nos ha “perfeccionado para siempre” y nos ha “santificado”. Ayúdanos a creer la realidad de Tu salvación y a vivir en el poder de Tu Espíritu.

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