CAMINO A EGIPTO

CAMINO A EGIPTO

Lee Génesis 46:1–34

La mayoría de nosotros estaría de acuerdo que una promesa es tan buena como la persona que la hace. Pero ¿y si Dios es quien hace la promesa? Génesis 46 registra la última vez que Dios se le apareció a Jacob. Aquí Dios reafirmó muchas de las promesas que había hecho a lo largo de los años.

Cuando Jacob partió hacia Egipto, se detuvo en Berseba, en la frontera sur de Canaán, y ofreció sacrificios al Señor (v. 1). Dios le había prohibido a Isaac viajar a Egipto en busca de ayuda durante una hambruna anterior (Génesis 26:2). Quizás Jacob se preguntó si ir a Egipto fue la decisión correcta. ¿Debería abandonar la tierra que Dios le había prometido a Abraham?

Esa noche, Dios se le apareció a Jacob para animarlo (v. 2). No sólo era aceptable que Jacob viajara a Egipto, sino que Dios estaría con él (v. 4). Dios no estaba limitado por la geografía. Dios también reveló algo más. Egipto sería el lugar donde la familia de Jacob crecería hasta convertirse en una gran nación (v. 3). Dios le había prometido a Abraham que sus descendientes llegarían a ser una gran nación (Génesis 12:1–3). Hasta ese momento, eran sólo una familia que vivía entre muchas otras naciones. Pero en Egipto, la familia de Jacob crecería y prosperaría.

La cultura egipcia era bastante diferente a la de Canaán. En Canaán, el pastoreo era una de las ocupaciones principales y respetadas. En Egipto, los pastores eran despreciados (v. 34). Esto permitió a Jacob y su familia vivir separados y mantener su identidad distintiva incluso a través de generaciones de vivir en Egipto.

Como lo había hecho en el pasado, Jacob creyó en las promesas de Dios y avanzó con fe (v. 5). Dios también ha hecho promesas a los creyentes de hoy: que seremos llenos de Su Espíritu, que Jesús estará con nosotros hasta el fin de los tiempos (Mateo 28:20) y que Él regresará.

  • ¿Por qué podemos confiar absolutamente en las promesas de Dios? ¿Cómo puedes avanzar en fe basándote en todo lo que Dios ha prometido?

Ora con nosotros

Dios Todopoderoso, Tus promesas a Abraham, Isaac y Jacob son verdaderas incluso hoy. Mientras Te agradecemos por su legado, oramos para que nuestras propias historias dejen un legado de fe a la próxima generación.

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