Lee Lucas 19:1–10
Muchos tele evangelistas han amasado millones de dólares aprovechándose de los espectadores. Es impactante que las personas que dicen amar a Jesús y la Biblia engañen a la gente para que les den sus ahorros. En lugar de orar por los necesitados, estos falsos maestros “se aprovechan” de los necesitados para que puedan enriquecerse.
Como mencionamos a principios de este mes, los recaudadores de impuestos tenían una reputación escandalosa en Israel. Trabajando para los romanos, no solo recaudaban impuestos del gobierno, sino que también se llenaban los bolsillos cobrando un superávit ridículo. Zaqueo era un jefe de los recaudadores de impuestos y un hombre muy rico, cuya reputación es bien conocida. Después de trepar al árbol para ver mejor, y probablemente para evitar que lo empujaran entre la multitud, Zaqueo finalmente vio a Jesús. Debe haberse sorprendido cuando Jesús se detuvo, lo miró directamente y lo llamó por su nombre.
¿Cómo conoció Jesús a Zaqueo? Debe haber sido uno de los recaudadores de impuestos más corruptos si juzgamos por la reacción de la multitud (v. 7). Jesús no solo dio la bienvenida a la interacción con Zaqueo, sino que fue a la casa del hombre “a hospedarse con un pecador” (v. 7). Después de platicar durante la cena, Zaqueo se dio cuenta de su pecado. Se confesó y se comprometió a ayudar a los demás, en lugar de aprovecharse de ellos. Juró dar a los necesitados, en lugar de robarles.
La respuesta de Jesús a Zaqueo habría dejado atónitos a los lectores de Lucas. Primero, nunca habrían recibido con entusiasmo a una persona corrupta como Zaqueo en la familia de Abraham. Segundo, hubiera sido difícil para ellos admitir que alguien de la familia de Abraham podría estar perdido. Pero Jesús estaba en el negocio de buscar y salvar a todos aquellos que se habían descarriado y darles salvación. A través de Jesús, incluso un recaudador de impuestos corrupto tuvo una segunda oportunidad.
- La historia de Zaqueo es un recordatorio de que nuestro linaje familiar no nos gana la salvación, ni la asistencia a la iglesia ni las buenas obras. Solo la fe en Jesús puede ayudar a las personas perdidas a encontrar el perdón y una segunda oportunidad.
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