Lee Isaías 55:6–13
La mayoría de las personas no sólo carecen del temor adecuado a Dios, sino que un número cada vez mayor ni siquiera cree que Él existe. Una encuesta realizada por Ipsos Global Advisor indicó que en promedio en los 26 países encuestados, el 40% dice que cree en Dios como se describe en las sagradas escrituras, el 20% cree en un espíritu superior pero no como se describe en las sagradas escrituras, otro 21% no cree ni en Dios ni en ningún espíritu superior, mientras que el 19% no está seguro.
¿Por qué es apropiado temer al Señor? Porque Sus pensamientos y Sus caminos están muy por encima de los nuestros (vv. 8–9). Esto se ilustra en Su cuidado providencial por la creación (v. 10). Por lo tanto, la grandeza de Dios no es una realidad aterradora sino inspiradora de fe. Él no es mayor en un sentido distante e indiferente, sino que gobierna la tierra de una manera que resulta en “semilla al que siembra y pan al que come”.
La grandeza de Dios significa que Su palabra no regresa “vacía” (v. 11). “Hará lo que yo deseo y cumplirá con mis propósitos”. Sólo el Señor soberano del universo podría dar tal garantía. Semejante poder está mucho más allá de nuestra comprensión.
¿Deberíamos huir de un Ser tan asombroso? No. Debemos acercarnos y adorar. Debemos buscarlo, invocarlo (v. 6). Especialmente ya que Dios es santo y amoroso, debemos arrepentirnos del pecado, volvernos a Él y aceptar Su misericordia y perdón (v. 7). Ya que Él es Dios, el pueblo de Israel podía confiar en que algún día su exilio terminaría y habría un regreso a casa (vv. 12–13).
Los maravillosos atributos de Dios (como el poder) y Sus atributos personales (como el amor) son todos infinitamente mayores que nuestra comprensión. Por eso el temor correcto del Señor suscita temor y temblor junto con el amor y la confianza.
- ¿Nos sentimos incómodos con la grandeza de Dios? ¿Tratamos de reducirlo a nuestro nivel con frases como “Dios es mi compañero”? ¿Cómo y por qué hacemos esto?
Ora con nosotros
Jesús, danos un corazón que esté dispuesto a escuchar Tu verdad y aprender Tus caminos: un corazón abierto y obediente. Sí, Tu poder está más allá de nuestra comprensión, pero Tu amor y misericordia cambian los corazones de piedra y abren los ojos ciegos.
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