Verdaderas riquezas

Verdaderas riquezas

Lee Filipenses 4:19–20

Todos hemos escuchado el dicho de que el dinero no trae felicidad. ¿Pero realmente lo creemos? ¿Vivimos así? Seguir a Jesús debería tener un impacto directo en cómo vemos la riqueza. Estamos llamados a confiar en Dios con cada parte de nuestras finanzas y a ser generosos en nuestras ofrendas.

Dos conceptos erróneos importantes se interponen en el camino de nuestra generosidad. Primero, creemos erróneamente que podemos encontrar la felicidad en lo que poseemos. En segundo lugar, creemos incorrectamente que solo nosotros somos responsables de nuestra propia prosperidad. Si nos ha ido bien es porque nos lo hemos ganado. Jesús abordó el primer concepto erróneo cuando advirtió que “la vida de una persona no depende de la abundancia de sus bienes” (Lucas 12:15). Pablo trata el segundo en Filipenses 4:19 con esta promesa: “Así que mi Dios les proveerá de todo lo que necesiten, conforme a las gloriosas riquezas que tiene en Cristo Jesús”.

La riqueza material y la verdadera riqueza no son lo mismo. Pero según Jesús, la forma en que manejamos las bendiciones materiales es un terreno de prueba para la verdadera riqueza. La riqueza mundana expone lo que hay en nuestro corazón. “Ningún sirviente puede servir a dos patrones”, advierte Jesús en Lucas 16:13. “Menospreciará a uno y amará al otro, o querrá mucho a uno y despreciará al otro. Ustedes no pueden servir a la vez a Dios y a las riquezas”.

La Biblia reconoce la legitimidad de la propiedad (Hechos 5:4). Pero siempre debemos recordar que nuestras posesiones y nuestra cuenta bancaria, en última instancia, pertenecen a Dios. Somos los mayordomos de Dios. Las Escrituras también nos advierten que no debemos poner nuestra esperanza en la riqueza porque es incierta. En cambio, nuestra confianza debe estar en Dios “que nos provee de todo en abundancia para que lo disfrutemos” (1 Timoteo 6:17). Es Dios quien hace posible que seamos generosos.

  • La codicia se nutre de las pequeñas codicias. Debemos evitar la idea errónea de que se nos deben las cosas que poseemos. El espíritu de codicia es lo opuesto a la gracia.

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