Lee Génesis 18:1–15
¿Alguna vez te has enfrentado a algo que sentías más allá de tu capacidad? Tal vez te sentiste tan abrumado que te rendiste sin siquiera intentarlo. Esa es la situación que enfrentó Sara cuando Dios le prometió un hijo en sus últimos años. ¿Cómo podía creerle?
Sara y su esposo Abraham estaban cerca de Hebrón (v. 1). Abraham estaba descansando durante el calor del día, cuando vio que se acercaban tres hombres (v. 2). Corrió a su encuentro, inclinándose y llamándolos “Señor”. Les ofreció pan y agua (vv. 4–5), pero luego le pidió a Sara que horneara una enorme cantidad de pan (v. 6). Mataron un ternero especial y sirvieron la carne con mantequilla y leche (v. 8). Esta era una fiesta digna de un rey o, tal vez, apropiada como sacrificio al Señor (Levítico 24:5).
No se nos dice cuándo Abraham se dio cuenta de que sus visitantes no eran hombres comunes y corrientes. Si bien los comentaristas difieren en la interpretación exacta, la mayoría sugiere que Abraham fue visitado por Dios y los dos ángeles que irían a Sodoma al día siguiente. Abraham respondió como era de esperar. Corrió hacia ellos, les habló con gran respeto y preparó una comida extravagante. Como dice de la hospitalidad en Hebreos 13:2, “algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles”.
Dios y los dos ángeles no habían venido únicamente por Abraham, sino con un mensaje importante para Sara (v. 9). El Señor le aseguró a Sara que daría a luz un hijo dentro de un año (v. 10). A Sara se le hizo difícil esta noticia. Ya había pasado la edad de tener hijos. Había vivido durante años esperando tener un hijo, pero se había sentido decepcionada mes tras mes. Su risa surgió de un sentimiento de desesperación (v. 12). Necesitaba que le recordaran que nada es demasiado difícil para el Señor (v. 14). Dios se deleita en hacer lo imposible. También se deleita en la fe de Su pueblo.
- ¿A veces, te cuesta creer las promesas de Dios? ¿Cómo puede la historia de Sara animar la tuya?
Ora con nosotros
Estamos sujetos a las leyes de la naturaleza que Tú estableciste cuando creaste el mundo. Tú, sin embargo, no estás limitado como nosotros. Dios Todopoderoso, podemos confiar en Ti para lograr lo que es imposible para nosotros.
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