En una revista de abril de 1963, una empresa de viajes publicó un anuncio con el lema: “Siéntate, relájate, te lo mereces”. Fue uno de los primeros anuncios que intentó vender su producto apelando a un sentimiento de derecho. Hoy en día, este tipo de lenguaje es omnipresente. Nuestra cultura nos ha enseñado a creer que nuestro valor e importancia tienen máxima prioridad.
En Deuteronomio 9, Moisés tenía un mensaje muy diferente para los hijos de Israel. Cuando estaban a punto de entrar en la Tierra Prometida, sabía que el pueblo se sentiría tentado a interpretar su éxito de manera equivocada. En el capítulo 8, Moisés se enfrentó a la idea de que tendrían éxito debido a su propio poder y sabiduría (8:17). En la lectura de hoy, Moisés se enfrenta a la tentación de pensar que Dios les daría la tierra porque eran moralmente superiores y la merecían.
Tres veces, Moisés le recordó al pueblo: “No es por tu justicia ni por tu rectitud por lo que vas a tomar posesión de su tierra” (9:5). En cambio, deberían recordar cuán rebeldes y testarudos habían sido hacia Dios. Moisés les recordó su traición con el becerro de oro (vv. 7–21) y su murmuración e incredulidad en el desierto (vv. 22–24). Su conclusión: “¡Desde que los conozco han sido rebeldes al Señor!” (v. 24).
Nosotros también somos los receptores de la gracia de Dios. No pudimos salvarnos a nosotros mismos de la esclavitud del pecado. No pudimos reconciliarnos con Dios. Pero Dios preparó un camino para nosotros a través de la obra de Jesús. Como Pablo le recordó a Tito: “En otro tiempo también nosotros éramos necios y desobedientes. Estábamos descarriados y éramos esclavos de todo género de pasiones y placeres… Pero cuando se manifestaron la bondad y el amor de Dios nuestro Salvador, él nos salvó, no por nuestras propias obras de justicia, sino por su misericordia” (Tito 3:3–5).
- ¿Alguna vez has sentido la tentación de pensar que mereces todo lo que has recibido? Tómate un momento hoy para agradecer a Dios por todo lo que ha hecho por ti.
Ora con nosotros
Dios Todopoderoso, la lectura de hoy nos recuerda que todo lo que somos y todo lo que tenemos proviene de Ti. Ayúdanos a dejar de lado el orgullo, el sentimiento de derecho o el pensar demasiado bien de nosotros mismos. ¡Gracias por Tu misericordia y gracia!
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