Ningún otro Dios

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Lee Éxodo 32

“Las puertas de la idolatría se abren cada vez que uno se expone a personas, moda, música, televisión, novelas, revistas, películas, deportes o el internet equivocados”, dijo Wilson Castro Cuellar. El autor de La idolatría y el pecado sexual agregó: “la creciente fascinación con la lujuria crea idolatría, reemplaza o quizás ni siquiera permite que Dios tome su lugar en el corazón.”

Moisés enfrentó la idolatría y otros pecados muchas veces durante el Éxodo, pero el episodio del becerro de oro fue el más significativo. El pacto acababa de ser afirmado por la nación (Éxodo 19). Moisés había comunicado la Ley, incluidos los Diez Mandamientos (Éxodo 20). Incluso se habían dado las instrucciones iniciales para el tabernáculo. No obstante, básicamente en su primera oportunidad, la gente hizo y adoró un ídolo, incluyendo el “desenfreno” de la inmoralidad sexual (Éxodo 32:6).

Moisés estuvo en la cima del monte Sinaí durante 40 días. La gente se había impacientado y su ya débil fe se secó. En lugar de mantenerse firme, Aarón, el nuevo sumo sacerdote (Éxodo 29), estuvo de acuerdo con su idolatría. Cuando Moisés lo confrontó más tarde, ofreció la ridícula excusa que se ve en Éxodo 32:24.

El becerro de oro pudo haber representado a Apis, el dios toro egipcio. En cualquier caso, el pueblo había quebrantado flagrantemente el segundo mandamiento. Moisés transmitió la justa ira de Dios al romper literalmente las dos tablas de la Ley (v. 19). También representó una hermosa obra de justicia poética al moler el ídolo hasta convertirlo en polvo, rociarlo en el agua y obligar a los israelitas a beberlo (v. 20).

Sin embargo, el pecado continuó y la gente “estaba desenfrenada” (v. 25). Entonces Moisés gritó: “Todo el que esté de parte del Señor, que se pase de mi lado” (v. 26). Los levitas respondieron y recorrieron el campamento, matando a los idólatras. Su celo ayudó a consagrarlos o apartarlos para un servicio especial (v. 29).

  • Si bien no podemos postrarnos ante un becerro de oro, la tentación a la idolatría está muy viva en nuestros días. ¿Servimos a la libertad personal, al poder político y la prosperidad, ¿o al Señor?

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