Lee Salmos 73
El fabulista romano Fedro bromeó hace dos mil años: “Las cosas no siempre son lo que parecen; la primera apariencia engaña a muchos”. Cuando el autor del Salmo 73 miró a su alrededor, su primera impresión fue la de un mundo donde los impíos prosperan mientras los piadosos sufren. Sentía envidia de los arrogantes (v. 3). Le pareció que los malvados podían tramar el mal, participar en actos violentos e incluso burlarse de Dios y, no solo salirse con la suya, sino incluso prosperar (vv. 4–12).
El salmista después examinó su propia vida. Había trabajado para mantener puro su corazón ante Dios (v. 13). Sin embargo, todo su trabajo pareció en vano. Solo experimentaba aflicción y dolor (v. 14). ¿No exige la justicia que los piadosos prosperasen y los malvados fueran castigados? ¿No enseñan las Escrituras esa verdad (ver Salmo 1)? Esas dudas lo llevaron a una crisis de fe. Le preocupaba difamar a Dios ante los demás y estaba profundamente turbado de espíritu (vv. 15–16).
El punto de inflexión viene en el versículo 17: “hasta que entré en el santuario de Dios; entonces comprendí su destino final”. Su primera impresión del mundo había sido engañosa. La realidad era que los malvados estaban en “terreno resbaladizo” (v. 18). Su prosperidad actual solo enmascaraba la realidad de que estaban bajo el juicio de Dios (vv. 18–19). El salmista también se dio cuenta de que no estaba tan abandonado como pensaba. Dios estaba con él y ese era un mejor regalo que cualquier cantidad de riqueza (vv. 23–24). Incluso si su prosperidad material y su salud física cedieran, Dios seguía siendo su posesión más preciosa (v. 26). Este cambio de perspectiva vino de un encuentro de adoración con Dios en el santuario (v. 17).
- Una de las razones por las que la adoración regular es importante es que nos ayuda a ver el mundo correctamente. Cuando adoramos, recordamos el gobierno soberano de Dios, la salvación que Él ha logrado para nosotros en Cristo y nuestra esperanza segura en Su regreso.
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