Lee 1 Timoteo 2:1–7
En el mundo actual, tenemos una comunicación casi instantánea con cualquier persona, en cualquier lugar. Los teléfonos que caben en la palma de nuestra mano nos permiten conectarnos con otras personas de forma rápida, sencilla y precisa. Pero ese no fue siempre el caso. Antiguamente, cualquier pequeña ciudad tendría a una operadora telefónica local que presionaría y desconectaría manualmente clavijas, cables y enchufes para habilitar que una persona conversará con otra por teléfono. Estas operadoras eran mediadores importantes, sin las cuales la comunicación hubiera sido imposible.
¿Cómo nos conectamos tú y yo con Dios? En su carta a Timoteo, Pablo da la seguridad de que los creyentes tienen acceso abierto a Dios el Padre a través de Su Hijo, Jesucristo. Pablo comienza animando a los creyentes a orar por todas las personas (v. 1). Observa que incluye reyes y personas de alta autoridad y rango social en esta lista. Pablo ofrece una razón: para que podamos vivir una vida en paz y tranquilidad (v. 2) y porque Dios “quiere que todos sean salvos” (v. 4). El propósito de todas estas recomendaciones es que el evangelio siga adelante.
En segundo lugar, Pablo nos recuerda que Jescristo es el mediador entre cada individuo y Dios. Nuestras peticiones, oraciones, intercesiones y acciones de gracias van directamente a Dios por medio de Jesucristo. Pablo también detalla la obra de mediación de Jesús a través del acto desinteresado y sacrificial de dar Su propia vida en rescate por todos los seres humanos (v. 6). Cristo pagó un alto precio para que pudiéramos ser liberados de la esclavitud del pecado. La deuda se saldó mediante la muerte de nuestro mediador, Cristo Jesús. Hebreos 4 llama a Jesús nuestro gran sumo sacerdote que ha ascendido a los cielos para darnos pleno acceso a Dios (v. 14). “Acerquémonos confiadamente al trono de la gracia de para recibir misericordia y encontrar la gracia que nos ayude en el momento que más lo necesitemos” (Hebreos 4:16)
- En algunas tradiciones religiosas, las personas no hablan directamente con Dios, dependen de la intercesión de un mediador. Es usualmente alguien más santo y virtuoso que ellos mismos quien los dirige a Dios en su propio nombre. Celebra hoy el hecho de que Jesús es tu mediador y puedes hablar con Dios en cualquier momento que desees.
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