Lee 1 Juan 1:1–10
Algunas personas piensan que obtener el perdón de Dios tiene que ver con algo que decimos o hacemos. Pero eso no es verdad. Recibir el perdón no depende de nosotros, sino solo de Jesucristo. Haciendo eco del primer capítulo de su Evangelio, Juan nos recuerda que Jesús “ha sido desde el principio” (v. 1). Solo Dios puede perdonar los pecados, y este es un sutil recordatorio de que Jesús es Dios hecho carne (Juan 1:1, 14; Marcos 2:6–12).
Confesar nuestro pecado es necesario porque el pecado es lo opuesto a todo lo que Dios es, así como las tinieblas son lo opuesto a la luz. Cuando decimos ser seguidores de Jesús, pero vivimos una vida pecaminosa, no estamos viviendo la verdad de lo que creemos (v. 6). Cuando pecamos después de haber confiado en Cristo, ese pecado no anula el perdón y la justicia que hemos recibido de Él. Pero continuar en pecado es inconsistente con la vida que Cristo provee. A medida que “vivimos en la luz”, nos hacemos cada vez más conscientes de los aspectos de nuestra vida y pensamiento que necesitan cambiar. Los creyentes a menudo se vuelven más conscientes de su pecado después de haber comenzado a seguir a Cristo que antes de creer (vv. 7–8).
Dios no simplemente cierra los ojos a nuestro pecado o baja su estándar cuando confesamos. Al contrario, Dios puede perdonarnos porque Jesús satisfizo todas las demandas de justicia y pagó la pena por el pecado con Su propia sangre. De esta manera, “Dios es justo y, a la vez, el que justifica a los que tienen fe en Jesús” (Romanos 3:26).
- No esperas que se acumulen tus pecados antes de confesarlos. Tan pronto como te venga a la mente un pecado, admite tu culpa y pídele a Dios que te perdone por lo que Jesucristo ha hecho. No necesitas una oración larga y elaborada. Es suficiente que digas: “Dios, perdóname en el nombre de Jesús”.
See omnystudio.com/listener for privacy information.





