¿PARA QUE TRABAJAR?

¿PARA QUE TRABAJAR?

Lee Eclesiastés 1:3–18

¿Te has preguntado alguna vez después de un largo día de trabajo: “¿Cuál es el propósito?” Si es así, no estás solo. Hace miles de años el autor de Eclesiastés hizo la misma pregunta. Podría identificarse con la desesperación emocional y psicológica que surge de trabajar duro todo el día o toda la vida, sólo para darse cuenta de que lo que realmente estamos buscando sigue estando fuera de nuestro alcance.

A lo largo de Eclesiastés notarás que se habla mucho sobre el trabajo. Presta atención a las palabras “trabajo”, “labor”. También presta atención cuántas veces Eclesiastés pregunta qué “ganancia” hay en el trabajo o afirma claramente que no hay “ganancia” en el trabajo. Se puede concluir que el autor tiene una mala opinión del trabajo, pero eso no es cierto en absoluto. Eclesiastés demuestra una baja visión de idolatrar el trabajo o de esperar de nuestro trabajo algo que sólo Dios puede darnos.

“Ganancia” en hebreo se refiere a una “porción sobrante” o algo que queda. Puede traducirse como “ventaja” o “beneficio”. En Eclesiastés, este término se refiere no sólo a la recompensa que esperamos de nuestro trabajo, sino que también resalta la tendencia humana natural a esperar que el trabajo proporcione más de lo que estaba previsto. Este sentido de realización suprema es una “ganancia” que sólo puede venir de Dios.

Cuando hacemos del trabajo nuestro ídolo, le pedimos que cumpla lo que sólo el Creador puede hacer. Pronto veremos cómo el trabajo es un buen regalo de Dios que debemos disfrutar, pero hoy el autor de Eclesiastés nos recuerda lo que el trabajo nunca debió ser. El trabajo no es nuestra identidad. No hace que Dios nos valore más de lo que ya lo hace. No es nuestro seguro contra lo desconocido. En cambio, consideremos dónde reside realmente nuestra confianza, esperanza y valor: en Cristo nuestro Rey.

  • ¿Cómo refleja la visión del trabajo de Eclesiastés la tuya propia? ¿Dónde encuentras tu dignidad y tu valor? ¿Y qué papel juega tu vocación en esto?

Ora con nosotros

Señor Jesús, gracias por todos Tus buenos dones. Que las cosas buenas de la vida, Te rogamos, nunca Te reemplacen en nuestros corazones. Que siempre Te atesoremos como el regalo más grande y preciado. ¡Gracias por Tu amor que es más valioso que la vida!

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