Lee Juan 1:29–42
En el poema de William Blake “El Cordero”, un niño le pregunta a la pequeña criatura: “¿Sabes quién te hizo?” La respuesta se encuentra en la segunda estrofa: “Es llamado por tu nombre / porque se llama Cordero / Es manso y es apacible / Se hizo niño pequeño / Yo niño y tú cordero / somos llamados por Su nombre”.
Curiosamente, en los Evangelios solo una persona llamó a Jesús el “Cordero de Dios”: Juan el Bautista (vv. 29, 36). ¿Qué quiso decir Juan cuando le dio a Jesús este título? Primero, Jesús sería el sacrificio perfecto “que quita el pecado del mundo” (cf. 1 Juan 2:2). Además, pudo haber sabido que Jesús cumpliría el simbolismo del cordero pascual (ver 24 de julio). Así como la sangre de ese cordero en los postes de las puertas salvó la vida de los israelitas, también la sangre de Jesús traería redención al mundo.
A través de la revelación directa de Dios (v. 33), Juan aprendió que Jesús era el Mesías y que iba a ser el precursor, preparando el camino (v. 30). Todo el propósito del ministerio de Juan era revelar a Jesús (v. 31). Cuando bautizó a Jesús, Dios mostró públicamente su aprobación (v. 32). ¡Jesús era de hecho el “Elegido de Dios” o el “Hijo de Dios” (v. 34)!
Juan señaló específicamente a Jesús a dos de sus propios discípulos, Andrés y (tradicionalmente) Juan. Esta era su manera de animarlos a seguirlo (v. 37). Andrés fue y se lo dijo a Pedro (v. 41), quien también eligió seguir a Jesús. La mayoría de los líderes tratan de reunir seguidores, no despedirlos, pero Juan el Bautista fue fiel y obediente a su identidad y llamado. Él sería “menos”, y esto no era algo triste para él, sino que le traía mucho gozo (Juan 3:27–30 NTV).
- ¿Tenemos el espíritu humilde de Juan el Bautista? ¿Estamos contentos con desempeñar un papel secundario? ¿Es nuestra meta “volvernos menos” para que Dios pueda ser glorificado?
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