Lee Génesis 3:8–24
Cuando Adán y Eva comieron del fruto prohibido, ocurrió un cambio profundo en el mundo; las cosas nunca han sido las mismas desde entonces. La pareja sintió vergüenza por primera vez y trató de ocultar sus cuerpos el uno del otro. Cuando oyeron a Dios caminando en el huerto, se escondieron (v. 8). Desde entonces, los humanos se han estado escondiendo de Dios. El pecado ha impactado todas nuestras relaciones.
El pecado de Adán y Eva también reveló el carácter de Dios. Después de la caída, Dios no castigó de inmediato a Adán y Eva. Él los buscó. Quizás trataron de esconderse de Dios, pero Dios fue tras ellos. Llamó al hombre: “¿Dónde estás?” (v. 9). A la mujer le preguntó: “¿Qué es esto que has hecho?” (v. 13). Por supuesto, Dios ya lo sabía. Pero les dio la oportunidad de confesar su pecado. La gracia de Dios también se vio en la forma en que proveyó para Adán y Eva. Reemplazó su intento de vestirse con cubiertas de piel (v. 21).
La justicia de Dios también fue evidente. Pronunció juicio sobre la serpiente, la mujer y el hombre (vv. 14–19). Tener hijos sería difícil. Habría tensión en las relaciones matrimoniales (v. 16). El trabajo sería arduo y lleno de obstáculos (v. 17). La muerte sería inevitable (v. 19).
Sin embargo, incluso en el juicio, la gracia de Dios sobresalió. Dios sólo maldijo a la serpiente y a la tierra (vv. 14, 17). El hombre y la mujer no fueron maldecidos. Dios prometió que la descendencia de la mujer aplastaría a la descendencia de la serpiente (v. 15). Allí vemos un rayo de esperanza para el futuro Redentor. Dios no se había rendido con la humanidad. Ésa es nuestra esperanza. El Dios que pronunció juicio sobre la serpiente y Adán y Eva, también prometió redimir lo perdido.
- ¿Qué reveló el pecado de Adán y Eva acerca del carácter de Dios?
- Trata de imaginar un mundo sin pecado. Difícilmente lo reconoceríamos. ¿Cómo sería tener amistades, trabajo y un ambiente libre de pecado?
Ora con nosotros
Incluso en la caída, cuando maldijiste a la serpiente y pronunciaste castigos sobre el hombre y la mujer, hiciste una promesa que sería cumplida por Tu Hijo Jesús. Tan pronto como el pecado entró en el mundo, prometiste la redención.
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