Fuego

Fuego

Lee Deuteronomio 4:15–24

¿Te imaginas un mundo sin fuego? El fuego nos proporciona luz en la oscuridad y calor en el frío. El fuego nos permite cocinar alimentos, refinar metales y hacer funcionar un automóvil. Sin embargo, el fuego también es peligroso. Puede destruir hogares y ciudades. La antigua cultura griega destacó la importancia del fuego al nombrarlo como uno de los cuatro elementos básicos junto con el agua, el aire y la tierra.

En el Antiguo Testamento, las apariciones de Dios a menudo se describen como fuego. Dios se apareció a Abraham como una antorcha de fuego (Génesis 15:17). Se apareció a Moisés en la zarza ardiente y como fuego en el monte Sinaí (Éxodo 3:2; 19:18). El fuego simboliza la santidad y la pureza de Dios. El fuego también se usa para representar la ira de Dios. El profeta Nahum pregunta: “¿Quién podrá enfrentarse a su indignación? ¿Quién resistirá el ardor de su ira?
Su furor se derrama como fuego; ante él se resquebrajan las rocas” (Nahum 1:6).

En la lectura de hoy, Moisés le recuerda a Israel que Dios no se les apareció en forma de ninguna imagen o forma. En cambio, Dios les habló “desde el fuego” (v. 15). El fuego es parpadeante e inmaterial (lo contrario de sólido). La elección del fuego tenía por objeto enseñar a Israel que no debían hacer una imagen de Dios con la forma de ninguna cosa creada (vv. 16–19). Su adoración a Dios no debía estar inspirada por un objeto. En cambio, deberían recordar lo que Dios había hecho por ellos. Cómo los había redimido de Egipto (v. 20). Su enfoque debía permanecer en las palabras y obras de Dios.

  • Podemos estar tentados a adorar a un dios creado por nuestra propia imaginación. Juan Calvino comentó que el corazón humano es “una fábrica perpetua de ídolos”. Sin embargo, Dios se dio a conocer a nosotros en las Escrituras. Él desea nuestra adoración completa e indivisa. Si nos volvemos a dioses falsos, corremos el riesgo de ser objeto de la ira de Dios. Como nos recuerda Moisés, “porque el SEÑOR su Dios es fuego consumidor y Dios celoso” (v. 24).

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