Lee 1 Juan 3:19–24
Los niños que crecen en hogares cristianos a veces oran la “oración del pecador” más de una vez “sólo para estar seguros”. Es decir, responden a las invitaciones de aceptar a Cristo en su corazón varias veces porque no están seguros si las veces anteriores fueron “suficientes”.
El apóstol Juan, sin embargo, quería que los destinatarios de su carta se sintieran “seguros delante de él”, al saber con certeza que eran salvos (v. 19). No quería que el enemigo usara la ansiedad de su salvación como arma contra ellos. En última instancia, la seguridad de la salvación de un creyente es un conocimiento que está seguro en la sabiduría de Dios (vv. 20–21). Aunque nuestro propio corazón pueda condenarnos o hacernos cuestionar su realidad, podemos descansar en el hecho de que “Dios es más grande que nuestro corazón y lo sabe todo”. El conocimiento de Dios (a diferencia del nuestro) es completo y absolutamente verdadero. Si Él sabe que somos parte de Su familia, el asunto está resuelto, caso cerrado.
Desde nuestra perspectiva, nuestro conocimiento puede confirmarse a medida que obedecemos (v. 22; véanse también los vv. 9–10). Si no fuéramos salvos, todavía estaríamos muertos en nuestros pecados e incapaces de comportarnos con rectitud o agradar a Dios. El hecho de que podamos amar y obedecer muestra Su vida nueva trabajando en nosotros (v. 23). Además, Él responde nuestras oraciones, lo que significa que se alinean con Su voluntad, lo cual sería imposible si no estuviéramos “en Cristo”.
Tenemos la seguridad de la salvación del Espíritu Santo (v. 24). Esto hace que nuestros corazones descansen en Su presencia, sin temor ni preocupación. Como lo expresó Pablo: “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios” (Romanos 8:16 LBLA). Con la promesa del Espíritu, Jesús tenía la intención de que, ese testimonio de pertenencia a Dios de cada creyente, fuera parte importante de del ministerio del Espíritu para la iglesia
- Hoy, lee Juan 14:15–31 que narra el relato de Juan sobre la promesa de Jesús del Espíritu Santo. Compara ese pasaje con la lectura de hoy. ¿Qué temas tienen en común?
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