Lee 2 Samuel 12:1–24
“Tengo una pregunta, pero antes de hacerla, quiero que digas ‘sí’”. Casi todos los padres han escuchado una petición de este tipo de parte de sus hijos. La única respuesta razonable es admitir que no podemos garantizar cuál será nuestra respuesta hasta que hayamos escuchado primero la petición.
Algunas de las peticiones más difíciles que hacemos en oración son aquellas en las que no estamos seguros de cuál debería ser la respuesta. Esto es especialmente cierto cuando queremos una respuesta específica. David hizo tal pedido después de que nació su primer hijo con Betsabé. Cuando confesó su pecado, el profeta le informó a David: “El SEÑOR ha perdonado ya tu pecado, y no morirás. Sin embargo, tu hijo sí morirá, pues con tus acciones has ofendido al SEÑOR” (2 Samuel 12:13–14).
David pasó los siguientes siete días rogándole a Dios por el niño. Durante ese período, los ancianos de la corte de David se reunieron alrededor de él preocupados e intentaron persuadirlo para que comiera. Pero después de que el niño murió, David se vistió, entró en la casa del Señor para adorar y luego regresó a casa y pidió comida. Podemos escuchar la confusión de los pensamientos de David en los versículos 22 y 23, “Es verdad que cuando el niño estaba vivo yo ayunaba y lloraba, pues pensaba: “¿Quién sabe? Tal vez el Señor tenga compasión de mí y permita que el niño viva. Pero, ahora que ha muerto, ¿qué razón tengo para ayunar? ¿Acaso puedo devolverle la vida? Yo iré adonde él está, aunque él ya no volverá a mí”. El comportamiento de David muestra sus dudas, pero también su confianza en la respuesta de Dios.
- Podemos hacer peticiones audaces incluso cuando no estamos seguros de cómo responderá Dios. Puede que no siempre estés seguro de cómo (o cuándo) Dios contestará tus oraciones, pero siempre puedes estar seguro de Su bondad. Dios siempre sabe lo que es mejor para ti.
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