Lee Lucas 10:25–37
La vecindad de Plaza Sésamo quizá sea un lugar donde los niños quisieran vivir. Todo está en paz, y todos son amables. Si bien siempre parece todo hermoso día en esta vecindad, sabemos que en verdad no existe. En la vida real, la gente de nuestro barrio puede ser molesta, tal vez nos eviten, o incluso nos asusten. ¿Por qué quiere Dios que amemos a esas personas?
Después de que un experto en la ley discutiera la vida eterna con Jesús, recibió una lección en cuanto a vecindades. En una de las historias más conocidas de la Biblia, Jesús respondió a la pregunta: “¿Quién es mi prójimo?” Jesús contó la historia de un hombre que fue atacado violentamente en su camino a Jericó. Pasaron dos personas, un sacerdote y un levita, ambas personas quienes esperaríamos ayudaran (vv. 31–32). Pero, debido a sus prácticas religiosas personales, no querían asociarse ni tocar a una persona “inmunda”.
Los oyentes de Jesús probablemente se quedaron boquiabiertos cuando dijo que era un samaritano quien ayudó al hombre (v. 33). Las acciones del samaritano fueron desinteresadas, compasivas y sacrificiales (vv. 34–35). Entonces Jesús preguntó: “¿Cuál de estos tres demostró ser el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?” (v. 36). Casi puedes imaginar el cambio en el tono de voz del experto en la ley cuando respondió: “El que se compadeció de él” (v. 37).
Jesús nos dice: “Anda entonces y haz tú lo mismo” (v. 37). Pero ¿qué debemos hacer exactamente? Y quizá aún más importante, ¿quién es nuestro prójimo? La respuesta es bastante simple; tu prójimo es cualquier persona cuya necesidad ves y puedes satisfacer.
- Busca hoy formas en las que puedas ser un buen prójimo y mostrar a otros el amor de Jesús. Sé observador y consciente de las necesidades de las personas cuyos caminos cruces hoy. Si hay una manera de satisfacer esa necesidad, no dudes en actuar.
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