Los smartphones y sus aplicaciones han evolucionado para convertirse en herramientas diseñadas para captar y retener nuestra atención, al punto de la adicción. Un reciente artículo en The Economist considera que, ante nuestra aparente falta de voluntad, recurramos a una especia de “tecnología anti-tecnológica”. Es decir, tratamos nuestra dependencia y adicción a los dispositivos y sus apps con otras apps en nuestros dispositivos. El creciente fenómeno del “bricking” bloquean las apps que más nos distraen y aseguran ayudar a romper hábitos digitales dañinos. La autodisciplina no parece ser suficiente. Sin embargo, algunos continuamos resistiendo la idea de que, para nuestro bienestar, concentración y calidad de vida necesitemos rendirnos totalmente a la tecnología.
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