Por Dania Yanes
Nací en una familia cristiana. Acepté a Cristo a los 14 años en un retiro de jóvenes y me bauticé a los 15. Durante toda mi travesía cristiana había un versículo que, aunque lo escuchaba constantemente, pasaba desapercibido para mí. Ahora es mi ancla en el diario vivir: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente“.
Este texto tan importante es conocido por todos y, sin embargo, Dios tiene que confrontar frecuentemente nuestro corazón, para poderlo vivir en plenitud. Es fácil construir altares falsos y seguir ídolos inútiles. La realidad puede ser muy dolorosa. En mi caso, mis labios cantaban, pero no existía verdadera adoración. Ir a la iglesia y participar en todas sus actividades llegó a ser un ritual. La oración llegó a ser monótona, y el tiempo devocional era solo una rutina.
Así me descubrí. Ignorando por completo al Espíritu Santo en mi diario vivir, el cual me ayudó a ver que el que menos reinaba en mi corazón, alma y mente era Dios, y su Hijo Jesucristo.
El Señor usó el pasaje de Isaías 54:5-8. Dios se me presentaba en este pasaje Bíblico como aquel “quien tenía que ser en mi vida“. ¡Otra gran verdad dolorosa, pero necesaria! Una verdad que comenzó a señalar, rasgar y eliminar por completo los ídolos de mi corazón.
Vi con claridad lo que verdaderamente reinaba en mi vida: la dependencia en otros, en mis circunstancias y en lo que me hacía sentir confortable. Mi primer paso fue reconocer que nada me pertenece y todo, absolutamente todo, le pertenece a Dios. Cuando esa ceguera fue quitada de mis ojos, entendí con lágrimas de dolor y caí rendida ante la realidad en mi interior.
En medio de ese reconocimiento, le pedí al Señor que retomara mi corazón. Le di el lugar que merece en mi vida, entregando todo aquello que idolatraba: matrimonio, hijos, amistades, posición… todo. Dios siempre recibe nuestro arrepentimiento y deseo de conocerle más. En su gran misericordia e infinito amor, Jesús arrancó por completo de mi ser los altares de mentira que yo misma había construido en mi corazón. Como nunca, comprendí su celo por mí. Todos los que ponemos nuestra fe en Cristo, somos Su posesión y de Su propiedad. Dios no es un Dios que se complace en el sufrimiento. No se alegra cuando te va mal en la vida. Pero, sobre todo, no deja en la miseria a los que le pertenecen. ¡Es un Dios que rescata y corrige para hacernos crecer a la perfección de Su Voluntad! Él comenzó la buena obra en nosotros y la terminará.
Si de algo estoy segura es que Dios no tolera altares falsos ni ídolos en los corazones de los que le pertenecen. No importa si llevan tres días o tres décadas siendo suyos. Y es posible que esa inquietud y molestia, cuando nuestro corazón no le pertenece totalmente, sea garantía de nuestra condición espiritual. Después de todo podemos ser profundamente religiosos y no ser seguidores de Cristo. Si ese es el caso, los altares falsos y los ídolos no nos estorbarán.
¿Te has preguntado cómo estás tratando a Dios? ¿Estás provocando celo en Dios? ¿Qué altares tienes escondidos? ¿Qué cosas temporales estás haciendo eternas en tu existencia? ¿Es la familia, trabajo, dinero, tus dirigentes religiosos, tus dependencias de cosas humanas? En realidad, ¿amas al Señor tu Dios con todo tu corazón, alma y mente?
Hay bendición en la corrección cuando Dios mismo revela a Sus hijos Su celo por ellos… y en ellos. Te invito a conocer al Eterno, al Todopoderoso, el “Gran Yo Soy”. Así como Él quiere todo, absolutamente todo de mí, también lo quiere de ti.

Dania Yanes
Original de Honduras, trabajó como Gestora de Contenidos Digitales en el departamento de Comunicación Corporativa y Mercadeo del Instituto Bíblico Moody. Fue parte del equipo técnico de Hoy en La Palabra y mantenía al día la web de Radio Moody y sus redes sociales. Tiene grados de Licenciatura y Masters en Marketing Internacional por la Universidad Tecnológica de Honduras (UTH). Está activa sirviendo en su iglesia local de Chicago, ciudad donde también reside. Es madre de dos hijas y está casada con el cantante cristiano Arnold “Vino Nuevo” Yanes.

