Por Josué R. Reyes
Nunca imaginé que el verano de 1996 cambiaría mi vida para siempre. Ese año dejé mi hogar para mudarme al norte de Dallas y terminar mis estudios de radio, televisión y cinematografía en la Universidad del Norte de Texas. Académicamente todo iba bien: era una gran oportunidad y el inicio de una nueva etapa. Socialmente tenía amigos, aunque nunca he sido de tener muchos vínculos profundos. Pero espiritualmente, estaba pasando por una temporada difícil.
Ese mismo verano recibí una invitación para asistir a una conferencia de evangelismo en Colorado Springs. Para ser honesto, el tema no me atraía mucho; lo que me llamó la atención fue el lugar. Nunca había estado en Colorado y pensé que sería una buena oportunidad para viajar. Así que acepté, sin imaginar que Dios ya tenía un plan para mí.
La conferencia se realizó en Glen Eyrie, un centro administrado por Los Navegantes, rodeado de montañas, venados y senderos. Desde que llegué, sentí algo distinto. No porque el lugar fuera “sagrado”, sino porque ahí Dios quería encontrarse conmigo.
Recuerdo caminar entre la naturaleza y sentir cómo algo comenzaba a moverse dentro de mí. Me senté sobre una roca y, de repente, todo salió a la superficie. Sentí una tristeza profunda y no pude contener mis lágrimas. Cosas que había guardado en lo más profundo de mi corazón salieron a la luz.
Fue entonces cuando el Espíritu Santo habló a mi corazón, no con reproches, sino mostrándome mi pecado y mi necesidad de la gracia de Dios. Comencé a confesar y a clamar por perdón. En ese momento experimenté el abrazo misericordioso de Dios, una aceptación inmerecida y una compasión que solo se encuentra en Jesucristo. Permanecí sentado por largo tiempo, y cuando me levanté, sabía que ya no era el mismo: Cristo había comenzado algo nuevo en mí.
El resto de la semana lo aproveché para hacer amigos, compartir mi historia y escuchar cómo Dios transformaba otras vidas. Decir que mi vida cambió sería poco. Han pasado casi treinta años y ese recuerdo aún me conmueve y me da razones para glorificar a Dios por Su amor fiel.
Ese verano marcó un antes y un después. Mi relación con Dios cobró nueva vida. Al regresar a la universidad, me integré a la iglesia local, serví en la música y comencé a buscar más de Él. Dios ha sido fiel. Su gracia me sostiene.
El libro de Oseas es una carta de amor a un pueblo infiel. Y en medio de esa infidelidad, Dios dice en Oseas 2:14:
Pero luego volveré a conquistarla.
la llevaré al desierto
y allí le hablaré tiernamente.
¿Estás cerca de Dios hoy? Si te has alejado, escucha: Él aún te llama.

Josué R. Reyes
Josué es Productor en jefe para de Multimedia en el Instituto Bíblico Moody. Es, así mismo, Pastor Asociado en The Moody Church, sirviendo tanto en los ministerios en español, como en el de hombres. Junto a su esposa, Karina, con quien lleva más de 25 años de matrimonio, comparte una pasión por el discipulado y el fortalecimiento de las familias. Viven en Chicago y disfrutan acompañar a otros en su caminar con Cristo.

