Por Karla Olson
Vengan a mí, todos los que están fatigados y cargados, y yo los haré descansar.”
Mateo 11:28
Crecí en un ambiente donde no hubo paz ni alegría, y mucho menos amor. Había golpes, gritos, engaños, y abuso mental y emocional. Ese era el ambiente en el que mi madre vivía, mientras yo, apenas siendo una niña, solo observaba. Fui testigo de sus lágrimas, de su inmensa soledad y del profundo vacío que había en su vida. Recuerdo que cuando ella tenía 28 años, se veía tan malgastada, tan enojada, y tan triste a la misma vez.
Tal vez tú también has vivido algo parecido. O conoces a alguien que ha sentido ese peso en el corazón. Hay quienes se acostumbran a vivir así, y nunca salen. Pero también hay personas, como mi madre, que cuando Jesús cruza su camino, deciden seguirle. ¡Quisiera contar los detalles y eventos que pasaron antes y después que ella conociera a su Salvador, pero necesitaría escribir un libro!
En nuestra casa, el nombre de Jesús no se decía. Y si se decía, no significaba nada. Como parte de mi cultura y religión hice mi primera comunión, aprendí los 10 mandamientos, confesé mis pecados, y hasta caminamos kilómetros para besar los pies de una estatua. No me gustaban nada esos rituales y costumbres, y no entendía por qué tenía que hacer esas cosas. Nada de eso me hacía sentir cerca de Dios. Al contrario, me sentía vacía. Recuerdo que una niña de mi edad me dijo que odiaba a Dios, y yo, sin entender por qué, la admiré.
Pero todo cambió el día que fuimos a una iglesia cristiana por primera vez. Vi a mi mamá en el altar, llorando como nunca. Allí dejó todo: los golpes, los gritos, el abuso, el engaño, el enojo, la soledad, la tristeza, el vacío. Fue como si su alma, por fin, hubiera encontrado descanso. Allí, Jesús le mostró cuánto la amaba. Y eso era justo lo que ella necesitaba.
Desde ese día, empezamos a ir a la iglesia. Yo no quería, lo odiaba. Prefería quedarme viendo televisión. Pero poco a poco, algo empezó a cambiar. Me enamoré de la escuela dominical, de las historias de la Biblia, de la iglesia, y después, de Jesús. Dios me mostró el pecado que había en mi corazón, y que Jesús había muerto y resucitado para darme vida. Me arrepentí, lo recibí en mi corazón, y sin darme cuenta, me enamoré de Él.
Hay una canción que pregunta: ¿Qué sería de mí si Jesús no me hubiera alcanzado? Y yo sé la respuesta, porque la respuesta ya la viví. Era triste. Era vacía. Pero hoy, mi mamá y yo vivimos con gozo, porque Jesús nos rescató. Y si tú se lo permites, Él puede hacer lo mismo por ti y por tu familia porque en Jesús hay descanso para el alma.

Karla Olson | Administradora de Sistemas de Información de Recursos Humanos (HRIS)
Como Administradora de Sistemas de Información de Recursos Humanos (HRIS) soy responsable de mantener y procesar los datos de los empleados, incluyendo contrataciones, traslados y cambios de estatus dentro del sistema de recursos humanos. Fuera del ámbito laboral, disfruto de un buen sermón dominical, la buena comida, la música, los viajes, el verano, las series de detectives, especialmente las británicas, y pasar tiempo con mi esposo y mi familia.

