HIJOS Y HEREDEROS

HIJOS Y HEREDEROS

Lee Gálatas 4:3–7

Mi hija adoptiva Amelia y yo estamos viendo una serie de televisión. En un episodio reciente, la dueña del café y alcaldesa del pueblo finaliza la adopción del pequeño niño que ha estado criando. Poco después de que el niño es adoptado, sale a jugar afuera con sus amigos. Al cruzar la calle, la llama “mamá” por primera vez. Escuchar al niño expresar ese importante cambio en la relación y la identidad hace que la dueña del café (y yo) lloremos.

En Gálatas 4:3–7, Pablo continúa comunicando un cambio radical en la identidad de los creyentes gálatas. Anteriormente eran esclavos de los “principios de este mundo” (v. 3). La expresión es difícil de traducir con especificidad. Pero tal vez es algo impreciso intencionalmente. Esta “esclavitud” anterior a la redención se veía diferente para los diversos lectores de Pablo. Los judíos habían sido esclavizados por la ley y los gentiles por su idolatría pagana. Pero ambos grupos estaban sufriendo un cautiverio espiritual.

El “pero” al comienzo del versículo 4 es una transición simple, pero hermosa. Dios no dejó a los gálatas (ni a nosotros) en su estado cautivo: “Dios envió a su Hijo” (v. 4). Nuevamente, se enfatiza la soberanía de Dios sobre la línea de tiempo. Dios está llevando a cabo Su plan de redención. Este Hijo de Dios “nacido de una mujer, nacido bajo la Ley” (v. 4). Era un hombre y un judío. Y debido a quién era —Su identidad— solo Él era perfectamente apto para completar la obra de redención (v. 5).

Los beneficios de esta redención son asombrosos. Los creyentes son adoptados por Dios (v. 5). Esta adopción implica una elección intencional y una relación íntima. Pero no solo eso. Los creyentes también reciben Su Espíritu Santo, que nos consuela, convence y nos ayuda a orar: “Abba, Padre” (v. 6).

  • ¿Qué significa la adopción para nosotros como hijos de Dios? Si eres un seguidor de Cristo, ¿de qué manera has reclamado tu nueva identidad en Él?

Ora con nosotros

Señor Jesús, nos regocijamos porque, como prometiste, no nos dejaste huérfanos, sino que nos hiciste tus hijos. Tu presencia es el regalo más grande en nuestras vidas. Despiértanos a esta realidad, para que podamos caminar cerca de ti.

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