Lee Juan 1:14–28
Nuestra iglesia ha tenido la maravillosa oportunidad de asociarse con una pareja misionera que ha estado trabajando durante años con una tribu nómada. Este esfuerzo ha sido un desafío para nuestros amigos y sus hijos. Durante sus viajes frecuentes, deben armar su tienda, cocinar, comer, dormir, luego empacar su tienda y volver a viajar.
Cuando Jesús, el Verbo desde la eternidad pasada, se hizo hombre, hizo Su morada entre nosotros (v. 14). El término habitar significa “extender o armar una tienda”. Se refiere a un lugar de vivienda temporal. Jesús eligió armar Su tienda, por un tiempo, con nosotros.
En el Antiguo Testamento, Dios ordenó a Moisés que instruyera a los israelitas para que le construyeran un tabernáculo. Dios dijo: “Después me harán un santuario, para que yo habite entre ustedes” (Éxodo 25:8). Dios le dio a Moisés instrucciones específicas con respecto a los materiales, las medidas, el diseño y los colores del tabernáculo y todo lo que iría dentro de él. Debía ser construido de acuerdo con las especificaciones exactas de Dios. Después de completar el tabernáculo, “la nube cubrió la Tienda de reunión y la gloria del SEÑOR llenó el santuario” (Éxodo 40:34).
En el Nuevo Testamento, Jesús reemplazó el tabernáculo del Antiguo Testamento. Él es Aquel que “habitó” entre nosotros. Como dice Juan 1:14: “Contemplamos su gloria, la gloria que corresponde al Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad”. Dios, el Verbo, se hizo humano y mostró Su gloria para que todos la vieran.
- La lectura de hoy es un gran recordatorio de que Jesús es más que un bebé en un pesebre. Él es la Palabra viva de Dios que escogió habitar entre nosotros para que podamos ver la gloria de Dios. Viajó, durmió, cocinó y comió con nosotros para que pudiéramos conocer a Dios de una manera intensamente personal (v. 18). ¿A quién puedes invitar a estudiar contigo y conocer al Jesús de la Navidad?
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