UN TRATADO DE PAZ DIVINO

UN TRATADO DE PAZ DIVINO

Lee Efesios 2:1–22

Existen muchos tratados internacionales los cuales son acuerdos que se rigen por el derecho internacional y generan obligaciones para quienes los suscriben. En Efesios 2, el apóstol Pablo describe el tratado de paz de Dios con los pecadores que une a judíos y gentiles al reconciliar a ambos con Dios. En los versículos 11–12, Pablo recuerda a los cristianos de Éfeso, cuyo origen era gentil, que una vez fueron ajenos a las promesas que Dios hizo a Abraham y a sus descendientes. Como gentiles, estaban “separados de Cristo, excluidos de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo”.

Todo esto cambió con la venida de Cristo. Jesús es nuestro tratado de paz. Él derribó la barrera que separaba a toda la humanidad de Dios y también dividía a los judíos de los gentiles. Al ofrecer Su propio cuerpo como sacrificio por el pecado, Jesús dejó de lado el registro de condena de la ley al eliminar Su poder para acusar (v. 15). Jesús logró esto a través de la cruz al actuar como nuestro sustituto. Él obedeció todos los mandamientos y ordenanzas de la ley a la perfección y ofreció Su cuerpo como el sacrificio requerido. Por Su obediencia, muerte y resurrección, Jesús destruyó todo motivo de hostilidad entre judíos y gentiles (v. 16). Jesús hizo las paces con Dios al pagar por nuestros pecados. Hizo las paces entre judíos y gentiles al quitar la barrera de la ley que los separaba.

Como explica el apóstol en Gálatas 3:28–29: “Ya no hay judío ni no judío, esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús”. Nadie tiene ventaja sobre nadie para obtener una relación con Dios. El punto de entrada no es una cuestión de nacimiento, herencia o estatus. Es solo por fe.

  • ¿Cómo describe Pablo el “tratado de paz” de Dios con judíos y gentiles? ¿Cómo afecta esto a nuestra relación con Dios? ¿Cómo afecta la relación entre judíos y gentiles?

Ora con nosotros

Amado Jesús, ¡Tú eres nuestra paz! Nos reconciliaste con el Padre y los unos con los otros. Enséñanos a vivir con Tu paz en nuestros corazones, con humildad y amor por nuestro prójimo. Gracias por Tu camino, Tu verdad y Tu vida.

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  • El poder de uno

    El poder de uno

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