¡Un hijo nos ha nacido!

¡Un hijo nos ha nacido!

Lee Génesis 21:1–7

Según las Naciones Unidas, cada día nacen unos 350,000 bebés. Aunque la experiencia es común, recuerdo vívidamente cuando cada uno de nuestros tres hijos vino al mundo. Si se hiciera un concurso para determinar el nacimiento más sorprendente de la historia, el nacimiento virginal de Jesús sería el ganador. Pero un segundo cercano podría haber sido el nacimiento de Isaac.

Dios le había prometido a Abraham que tendría numerosos descendientes. Sin embargo, Abraham y Sara esperaron 25 años sin ver que esa promesa se hiciera realidad. Dios podría haberles dado un hijo a Abraham y Sara de inmediato. Pero Él tenía un propósito en la espera. Abraham y Sara tuvieron que aprender a vivir en fe entre la promesa de Dios y su cumplimiento.

El cumplimiento finalmente llegó. Tres veces el texto enfatiza que Dios hizo exactamente lo que había prometido (vv. 1–2). Dios fue fiel a Su palabra. Los años de dudas y suspenso habían llegado a su fin. Dios no sólo cumplió Su promesa, sino que lo hizo de manera milagrosa. Sara tenía 90 años cuando nació Isaac.

En respuesta a este milagro, Abraham fue escrupulosamente obediente. Hizo que el bebé se llamara “Isaac” y lo circuncidó al octavo día tal como el Señor había ordenado (vv. 3–4). Sara respondió estallando en poesía. “Dios me ha hecho reír, y todos los que se enteren de que he tenido un hijo se reirán conmigo” (v. 6). La risa de incredulidad de Sara se había transformado en risa de alegría (Génesis 18:12). O como lo expresó el salmista: “Por la noche durará el llanto, pero a la mañana vendrá la alegría” (Salmos 30:5).

Al igual que Abraham y Sara, Dios nos ha hecho grandes promesas: Jesús regresará y un día el pecado, el dolor y la enfermedad terminarán. Estamos llamados a vivir en la fe de que Dios será fiel a Sus promesas.

  • ¿Cuál fue la reacción de Sara ante el nacimiento de su hijo?
  • ¿Por qué crees que Dios hizo que Abraham y Sara esperaran tanto para ver Su promesa hecha realidad?

Ora con nosotros

El invierno más largo da paso a la primavera. La noche más oscura da paso a la mañana. El dolor del parto termina con la alegría de la maternidad. Este patrón nos recuerda que la lucha de esta vida terminará en la eternidad contigo.

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