TENTACIÓN, PECADO, RESTAURACIÓN

TENTACIÓN, PECADO, RESTAURACIÓN

Lee Gálatas 6:1–6

No importa cuántas batallas ganemos contra la tentación, en algún momento todos vamos a caer. La Biblia refuerza ese hecho al decir que “todos han pecado y están privados de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). ¿Entonces no tiene caso tratar? ¿Y qué pasa si nuestro hermano o hermana en Cristo peca? ¿Está rota para siempre nuestra relación? Como Cristo lo hizo, debemos perdonarnos unos a otros plena y libremente.

En nuestro enfoque sobre cómo resistir la tentación, no hemos hablado de lo que sucede cuando pecamos. El arrepentimiento y el perdón podrían requerir fácilmente otro estudio. Pero, al concluir, queremos señalar que cuando cedemos a la tentación, no es el final del camino. Estamos profundamente agradecidos de que, aunque seamos pecadores, la gracia de Dios permanece. Ya que Jesús murió en nuestro lugar, podemos confesar, arrepentirnos, aceptar el perdón de Dios y reanudar nuestro caminar con el Señor (1 Juan 1:8–10).

Gálatas 1 explica el lado comunitario del perdón. Cuando un hermano creyente ha confesado y se ha arrepentido de su pecado, la iglesia debe restaurarlo con amabilidad (v. 1 BLP). Pero también debemos ser cuidadosos. Cualquier cosa que haya causado su caída puede hacer que nosotros también caigamos. Si pensamos que no corremos ningún riesgo porque somos espiritualmente superiores, eso es orgullo. Por lo tanto, la humildad y el conocimiento propio son parte de la postura vigilante que Pablo nos advierte que adoptemos (vv. 3–4).

“Restaurar” a un creyente arrepentido significa devolver a esa persona a un estado de plena comunión. A causa de su pecado, su comunión con Dios y la iglesia se rompió temporalmente. Cuando se arrepiente, esa comunión se restaura. Un creyente que no se arrepiente, por el contrario, debe ser excomulgado como un último intento por traerlo de regreso al Señor (1 Corintios 5:1–5).

  • ¿Cómo restauramos a un creyente descarriado a la comunidad? ¿Cuándo debe suceder y por qué?

Ora con nosotros

Señor Jesús, estamos profundamente agradecidos de que Tu gracia y Tu perdón estén disponibles para nosotros como pecadores. Estamos agradecidos de que Tú seas el Dios de las segundas oportunidades, que Tú recoges y restauras a un pecador arrepentido.

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