TEMOR Y RECTITUD

TEMOR Y RECTITUD

Lee Salmos 34:8–16

Ser “justo” significa ser moralmente recto, estar sin pecado. Por supuesto, la santa perfección es una meta inalcanzable. Romanos 3:10 nos dice: “No hay un solo justo, ni siquiera uno”. ¿Cómo entonces nos “esmeramos en seguir la justicia” (2 Timoteo 2:22)?

El Salmo 34:9 nos guía: “Teman al SEÑOR, ustedes sus santos”. El salmista explica que la justicia no viene de nosotros sino de Dios. Temer al Señor es un mandamiento para el pueblo “santo” (v. 9). Al acercarnos a Dios en amor y respeto, podemos controlar nuestra lengua y, en general, apartarnos del mal y hacer el bien (vv. 13–14).

Mientras buscamos la justicia, el temor del Señor es reconfortante e incluso placentero. ¿Por qué? Una razón es que estamos perfectamente seguros en Él como nuestro refugio (v. 8). Acercarse a Dios o “probar” Su presencia produce placer y deleite genuinos. Además, “nada les falta a los que le temen” (v. 9). Dios es nuestro Proveedor. Él se preocupa por nosotros. Podemos confiar en Él. Aún el león, el rey de la selva, podrían debilitarse por el hambre, pero nosotros no. Al confiar en Dios, “nada nos falta” (v. 10).

El versículo 11 es un llamado: “Vengan, hijos míos, y escúchenme que voy a enseñarles el temor del SEÑOR”. ¿Y qué aconseja? Controla tu lengua, haz el bien y busca la paz, y los ojos amorosos del Señor estarán sobre ti (vv. 13–15). Pero ten cuidado. Lo contrario también es cierto: “el rostro del SEÑOR está contra los que hacen el mal” (v. 16).

La implicación es que no podemos vivir de esta manera—rectamente—sin el temor del Señor. Sin embargo, si nos acercamos a Él con asombro y reverencia, y dependemos totalmente de Él, la relación es una bendición más allá de lo imaginable.

  • Tal como enseña Santiago 3:1–12, controlar nuestra lengua es un gran desafío. ¿Cómo podemos poner nuestras palabras bajo el control de Dios, incluyendo nuestro hablar de cada día y las redes sociales?

Ora con nosotros

Con demasiada frecuencia nuestras palabras son poco amorosas y hieren. Recuérdanos hoy, Señor, que como Tu pueblo tenemos que controlar nuestra lengua y dejar que el Espíritu Santo guíe nuestras palabras. Danos un temor santo y un corazón de agradecimiento.

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