Lee 1 Pedro 2:13–17
Muchos de nosotros no respondemos bien a la autoridad. Como explica el pastor Greg Gilbert: “La autoridad a menudo le parece a la gente un concepto inherentemente negativo, abusivo o tiránico. Eso es comprensible, dado que los seres humanos pecaminosos han abusado de ella a lo largo de la historia. Pero la autoridad no es en sí mala… De hecho, la autoridad es parte integral del orden creado por Dios, y cuando se completó u obra de creación, la estructura de autoridad que había establecido en el mundo era buena y hermosa”.
La sumisión a la autoridad es un tema prominente en 1 Pedro. Es otro ejemplo de cómo debemos vivir una vida santa como pueblo de Dios y ser un buen testimonio para los incrédulos (vv. 12, 15). El pasaje de hoy se enfoca en nuestra sumisión a la autoridad civil (vv. 13–14). Por “autoridad humana”, Pedro se refería a instituciones legítimas gubernamentales en varios niveles. Su propósito fundamental es la justicia y el bien común, que debemos apoyar. En cualquier caso, su autoridad ha sido establecida por Dios y debemos someternos “por causa del Señor” (v. 13, ver también Romanos 13:1–7).
¿Qué de la declaración de Pedro, “Debemos obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29 LBLA)? Es cierta, pero es la excepción, no la regla. Con demasiada frecuencia, usamos esta excusa cuando en realidad no se trata de la obediencia a Dios, sino en nuestros derechos y opiniones personales. Vale la pena recordar que el emperador en este momento era Nerón (54–68 d.C.), quien perseguía a los cristianos.
Pedro les recordó a sus lectores que la libertad espiritual no es una excusa para el libertinaje, lo que significa echar a un lado la restricción y la responsabilidad (v. 16; ver también Gálatas 5:13). Como seguidores de Cristo, debemos vivir, pero no ser de este mundo. Si eso se convierte en un “pretexto para la maldad” (v. 16 LBLA), la reputación del evangelio podría verse empañada por “la ignorancia de los hombres insensatos” (v. 15 LBLA). Entonces, paradójicamente, la libertad en Cristo significa que debemos vivir “como siervos de Dios” (v. 16).
- Hoy, piensa en las personas que Dios ha puesto en posiciones de autoridad sobre ti, ya sea en el hogar, en el trabajo o en tu comunidad. ¿Cómo puedes honrarlos? Orar por ellos es una manera de empezar.
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