¿Restauración imposible?

¿Restauración imposible?

Lee Oseas 6:7–7:2

Desafortunadamente, el pecado no es un evento de una sola vez. Santiago 1:14–16 describe su clara progresión: “Cada uno es tentado cuando sus propios malos deseos lo arrastran y seducen. Luego, cuando el deseo ha concebido, engendra el pecado; y el pecado, una vez que ha sido consumado, da a luz la muerte. Mis queridos hermanos, no se engañen”.

El enemigo nos engaña distorsionando los beneficios del pecado y minimizando las consecuencias. Y Satanás no está satisfecho con un solo pecado. Él quiere que lo repitamos, que lo alimentemos, que lo hagamos nuestro, para que pueda lograr todo su propósito destructivo (es decir, que llegue a crecer más y más), lo que conduce a una muerte segura de todo tipo. Espiritual, relacional, mental, emocional: todos los aspectos de nuestra vida son vulnerables al atractivo del pecado.

El pueblo de Dios existía en la “etapa” final del proceso del pecado: “Son como Adán: han quebrantado el pacto, ¡me han traicionado!” (6:7). Sus líderes corruptos habían cometido crímenes vergonzosos (7:1). Oseas repitió la acusación sobre la prostitución de Israel, acusación que seguiría teniendo resonancia personal para él. Luego pronunció juicio sobre todo Israel que se perdió la obra de sanidad de Dios debido a los crímenes recurrentes. Por ejemplo, robaron y mintieron, escribió Oseas (7:1).

Pero lo que hizo que esta situación fuera aún más trágica fue la ceguera de Israel al pecado. Estaban tan consumidos (NVI, usa “cercados” en 7:2) por su pecado que ya no lo veían como tal. El pecado se había vuelto normal para ellos y su conciencia estaba entumecida. Tampoco se dieron cuenta de que Dios llevaba una estrecha cuenta. Recordó “todas sus maldades” (v. 2). Esta progresión del pecado es un patrón muy usado que comenzó en el Huerto, se mantuvo cierto para el pueblo de Dios en el tiempo de Oseas y todavía nos atrapa hoy.

  • Examina tu propio corazón hoy en busca de evidencia de pecado o la tentación de desobedecer los mandamientos de Dios. Pídele a Dios que te revele cualquier patrón de pecado que se haya vuelto tan habitual que ahora te parezca “normal”.

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