REGLAS DEL JUEGO

REGLAS DEL JUEGO

Lee Deuteronomio 20:1–20

La guerra es una realidad inevitable y trágica de vivir en un mundo empapado de pecado. Esto también era cierto para el antiguo Israel, que necesitaba defenderse de vecinos hostiles. Sin embargo, Moisés le dio a Israel reglas para la guerra que contrastaban marcadamente con las prácticas comunes de esa época.

Estas pautas, que eran diferentes a las reservadas para los cananeos (véase el 3 de marzo), ponían límites a la conducta de Israel. En lugar de ser dirigidos por un general, su discurso previo a la batalla debía ser pronunciado por un sacerdote. El sacerdote recordaría a Israel que su éxito no dependería del poder de sus armas, sino de la presencia del Señor con ellos (vv. 3–4). Israel solo debía pelear en las batallas aprobadas por el Señor. No podían simplemente buscar pelea con quien quisieran.

Moisés también describió varias razones por las cuales alguien podía obtener una exención del servicio militar. Si construían una casa nueva, plantaban una viña o se comprometían, no tenían que pelear (vv. 6–7). El matrimonio, la construcción y la agricultura tenían prioridad sobre la guerra. Incluso a quienes simplemente tenían miedo se les permitió irse, lo que pone de relieve un enfoque compasivo del reclutamiento militar (v. 6).

Cuando comenzó la batalla, Moisés instruyó a Israel a primero ofrecer la paz a una ciudad (v. 10). Solo si se negaban se libraría una batalla. Durante la batalla, Israel debía proteger los árboles frutales y no destruir la tierra. Como dijo Moisés: ¿Es acaso el árbol del campo un hombre para que le pongas sitio?” (v. 19).

Este pasaje es un recordatorio de que Dios a menudo llama a Su pueblo a actuar de maneras que contradicen las normas culturales. Nuestro compromiso con el mundo debe basarse en nuestra confianza en la presencia soberana de Dios con nosotros. Los pasajes sobre la guerra también evocan un anhelo por el regreso del Señor Jesús. Solo entonces reinarán la verdadera justicia y la paz (Filipenses 2:9–11).

  • Reflexiona sobre las pautas que Dios estableció para la guerra. ¿En qué se diferencian de nuestras opiniones modernas? ¿En qué se parecen?

Ora con nosotros

“El Señor tu Dios está contigo; él peleará en favor tuyo” (Deuteronomio 20:4). Dios Todopoderoso, que creamos que esta hermosa promesa del versículo clave de hoy es también para nosotros. ¡Bendecimos Tu santa presencia en nuestras vidas!

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