Lee Lucas 10:25–37
¿Cómo has sido discipulado? ¿Por tus padres? ¿Profesores de la iglesia o de la escuela? ¿A través de un mentor de confianza? ¿Te instruyeron directamente? ¿O simplemente modelaron la vida de un seguidor de Cristo? En términos simples, el “discipulado” es el proceso mediante el cual los cristianos aprenden más acerca de Jesús y siguen cada vez más Su ejemplo. Puede suceder de muchas maneras.
Cuando Jesús caminó sobre la tierra, atrajo a muchos seguidores, algunos de los cuales llegaron a ser Sus discípulos. En Lucas 5–19, mientras Jesús viajaba hacia Jerusalén, enseñó al pueblo lo que significaba seguirlo. En el pasaje de hoy, se le acercó un experto en la ley. Reconociendo Su autoridad como maestro, el abogado preguntó: “¿Qué debo hacer para heredar la vida eterna?” En lugar de responder directamente, Jesús responde con una pregunta propia: “¿Qué está escrito en la Ley?” (v. 25–26).
Conociendo bien la ley, el hombre citó el Shemá (ver 1 de febrero): “‘Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser, con todas tus fuerzas y con toda tu mente’, y ‘Ama a tu prójimo como a ti mismo’” (v. 27). Esta es la segunda y única cita del Shemá en los evangelios. (Véase el pasaje de ayer para la primera). Sin embargo, aunque el Shemá sólo se cita en los evangelios en dos ocasiones, está claro que este mandato es fundamental para el mensaje de discipulado de Jesús.
Cuando Jesús confirmó la respuesta del abogado, el abogado pidió aclaración: “¿Y quién es mi prójimo?” (v. 29). En respuesta, Jesús pinta un cuadro claro del amor al prójimo con la parábola del buen samaritano. Amar al prójimo significa cuidar a otro con sacrificio, incluso a los culturalmente despreciados.
La historia que sigue de María y Marta proporciona un ejemplo concreto de lo que significa amar a Dios. Seguir a Jesús y ser Su discípulo significa sentarse a Sus pies, atender a Sus enseñanzas y priorizar nuestra relación con Él por encima de todo.
- Describe una ocasión en la que alguien te discípulo. ¿Cómo te enseñó y te formó esa persona? ¿Has tenido la oportunidad de discipular a otros?
Ora con nosotros
Tu parábola del buen samaritano aún resuena en el corazón de Tus seguidores, Señor. Nos sentimos honrados por este ejemplo de amar al prójimo y te pedimos que nos guíes hacia los “prójimos” a los que podemos ayudar y mostrar Tu amor.
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