Promesa inquebrantable

Promesa inquebrantable

Lee Génesis 15:7–21

¿Cómo sabemos que alguien cumplirá una promesa? Se han desarrollado muchos rituales para garantizar que las personas sean fieles a Su palabra. Los niños pequeños hacen que sus amigos lo juren o prometan. Las parejas recitan los votos matrimoniales en una ceremonia formal. Los bancos hacen que los prestatarios firmen extensos documentos legales. Aun así, muchas de esas promesas finalmente no se cumplen.

En Génesis 15, Dios reafirmó otra promesa importante a Abram. Dios declaró que le daría a Abram la tierra de Canaán (v. 7). En lugar de agradecer a Dios, Abram preguntó: “¿cómo sabré que voy a poseerla?” (v. 8). Dios le ordenó a Abram que consiguiera varios animales (v. 9). Si bien esto puede no tener sentido para nosotros, para Abram sí lo tenía.

En el mundo antiguo, una de las ceremonias desarrolladas para confirmar una promesa consistía en cortar animales por la mitad y luego colocar cada mitad frente a la otra. Esto crearía un pasillo entre las piezas de los animales. Cada persona que hacía una promesa caminaba por el pasillo mientras recitaba un juramento. El juramento sería algo así como: “Si rompo mi promesa, que mi hombro se vuelva como el hombro de este becerro” (compárese con Jeremías 34:18). Era una forma de demostrar que preferirías morir antes que faltar a tu palabra.

En esta escena, Dios hizo que Abram acomodara los animales. Luego, Dios puso a Abram en un sueño profundo, divinamente inducido (v. 12). En forma de “horno humeante”, Dios mismo caminó entre los pedazos de los animales. A través de esta acción, Dios le comunicó a Abram que cumpliría Su promesa sin importar nada.

Como creyentes, nuestra esperanza está anclada en el compromiso de Dios de cumplir Sus promesas (Hebreos 6:13–20). Cada vez que tomamos de la mesa del Señor, no sólo recordamos la fidelidad de Dios en la muerte y resurrección de Jesús. También esperamos la promesa de Su regreso (1 Corintios 11:26).

  • ¿Cómo suele responder Abram a las promesas de Dios?
  • ¿Te pareces en algo a Abram? ¿Qué se interpone en tu camino de confiar en la Palabra de Dios?

Ora con nosotros

“Por el gran amor del Señor no hemos sido consumidos y su compasión jamás se agota. Cada mañana se renuevan sus bondades; muy grande es su fidelidad!” (Lamentaciones 3:22-23).

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