NO HAY CABIDA PARA EL ORGULLO

NO HAY CABIDA PARA EL ORGULLO

Lee Deuteronomio 7:1–26

Cuando estaba recién casado, trabajaba como maestro de una escuela cristiana y las finanzas eran apretadas. Un día en la iglesia, compartí un problema que teníamos con nuestro auto en la conversación. Después de la iglesia, un amigo se ofreció a ayudarnos a pagar la reparación de nuestro auto. Me conmovió la oferta, pero también me sentí un poco humillado. Puede ser difícil estar del lado receptor de la caridad.

En Deuteronomio 7, Dios le recuerda a Israel una verdad importante: “El SEÑOR sintió afecto por ti y te eligió, aunque no eras el pueblo más numeroso, sino el más insignificante de todos” (v. 7). Dios no eligió a Israel porque tuvieran el mejor ejército, o por ser más inteligentes o merecedores. Más bien, fue solo por Su gracia. La gracia es difícil de entender racionalmente precisamente porque es inmerecida.

Esta verdad debería haber alentado a Israel y mantenerlos humildes. Su capacidad para derrotar a los cananeos y tomar su herencia no dependía de ellos, sino de Dios: “Pero no les temas; recuerda bien lo que el Señor tu Dios hizo contra el faraón y contra todo Egipto” (v. 18).

El apóstol Pablo nos recuerda esta verdad: “Hermanos, consideren su propio llamamiento: no muchos de ustedes son sabios, según criterios meramente humanos; tampoco son muchos los poderosos ni muchos los de noble cuna. Pero Dios escogió lo tonto del mundo para avergonzar a los sabios, y escogió lo débil del mundo para avergonzar a los poderosos” (1 Corintios 1:26–27). Como seguidores de Cristo no hay lugar para el orgullo. Dios se deleita en usar a los débiles, necios e insignificantes para cumplir Su misión en el mundo. Así que, si queremos jactarnos, solo debemos gloriarnos en el Señor (1 Corintios 1:31).

  • ¿Puedes pensar en otras ocasiones en las que Dios usó cosas (o personas) débiles o insignificantes para Su gloria? ¿Cómo debería animarnos esto?

Ora con nosotros

Padre, una y otra vez vemos en el libro de Deuteronomio cómo enseñaste a Tu pueblo a caminar en obediencia delante de Ti. Tú exiges lo mismo de nosotros hoy. Que dejemos de lado nuestro orgullo y te entreguemos todo.

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