LUCHAR CON DIOS

LUCHAR CON DIOS

Lee Génesis 32:22–32

¿Alguna vez has estado tan concentrado en un problema que no te percataste del verdadero problema? Podríamos orar a Dios: “Ayúdame con mi trabajo” o “Trae sanidad a mi ser querido”. Si bien estos son temas importantes, es posible que no sean los principales que Dios quiere que abordemos. A menudo nuestra necesidad más importante es nuestra relación con Dios. No nos hemos rendido a Él.

En Génesis 32, Jacob se centró en un problema: se reuniría con Esaú. Había pensado mucho en cómo gestionar la relación. Incluso oró a Dios pidiendo ayuda. A Jacob se le había dado su nombre porque salió del vientre agarrando el talón de su hermano (Génesis 25:26). Desde entonces había estado peleando con la gente. Le había robado la bendición a Esaú y luego se enfrentó con su tío Labán durante 20 años. Después de robar la bendición de Esaú, Esaú exclamó: “¡Con toda razón le pusieron Jacob!” (Génesis 27:36).

En el versículo 24, Jacob luchó con un hombre misterioso toda la noche. Dios había venido en forma de ángel para luchar con Jacob (Oseas 12:4). Aún después que Dios le dislocó la cadera, Jacob no se dio por vencido (v. 25). Se aferró a Dios y suplicó una bendición (v. 26). Entonces Dios cambió el nombre de Jacob a Israel, declarando que había “luchado con Dios y con los hombres” y venció (v. 28). Pero éste triunfo fue diferente. Jacob se había entregado a Dios en debilidad y desesperación.

Cuando luchamos con Dios es sólo perdiendo que podemos ganar. Esta no es sólo la historia de la transformación espiritual de un hombre. Es la historia de la fundación de una nueva nación. El nombre Israel significa alguien que venció mediante la derrota. Por el resto de su vida, cada que Jacob daba un paso, recordaría su dependencia del Señor y de la gran misericordia de Dios.

  • ¿Alguna vez has “luchado” con Dios? ¿Qué circunstancias impulsaron esa lucha? ¿Qué aprendiste?

Ora con nosotros

La lucha de Jacob con Dios es un buen recordatorio de nuestra dependencia de Él y de Su gran misericordia. Señor, oramos para que en nuestros propios momentos de “lucha” contra Ti, recurramos y nos acerquemos a Ti en nuestra debilidad y desesperación.

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