Los cristianos y el gobierno

Los cristianos y el gobierno

Lee Romanos 13:1–7

La crisis del COVID-19 no solo presentó una amenaza para la salud. Además, creó tensiones políticas para muchas iglesias cuando algunos gobiernos ordenaron suspender los servicios religiosos y reuniones masivas. Algunas congregaciones cumplieron con las regulaciones gubernamentales, Otras se resistieron, considerando la orden como una violación de su libertad religiosa. Este tipo de tensiones eran familiares para el apóstol Pablo, quien aborda el tema en Romanos 13. En una cultura idólatra donde la religión y la política se entremezclaban, su mandato en Romanos 12:18 de vivir en paz con todos debe haber parecido una imposibilidad.

            La directiva del apóstol es simple. Todos los creyentes deben estar sujetos a las autoridades gobernantes (v. 1). El propósito de Dios para el gobierno humano era actuar como siervo del bien común y castigar las malas acciones (v. 4). En otros textos, las Escrituras califican y ofrecen mayor detalle de esta obligación. La obediencia a Dios tiene prioridad sobre la obediencia a los gobernantes terrenales (Hechos 5:29). Sin embargo, como ciudadano del Imperio Romano, Pablo ciertamente sabía que las leyes y acciones de las autoridades civiles no siempre eran justas o éticas. Pilato ejecutó a Jesús injustamente por razones políticas (Mateo 27:22–24). Los funcionarios romanos maltrataron a Pablo por desorden civil (Hechos 16:37).

            A pesar de la corrupción de los gobernantes, los creyentes recibieron instrucciones de pagar impuestos (v. 6). Aun más que eso, se requiere que los cristianos traten a los que tienen autoridad con respeto incluso cuando no estén de acuerdo con sus políticas y prácticas. Como dice Pablo en el versículo 7: “Paguen a todos lo que deban: al que impuestos, impuesto; al que tributo, tributo; al que temor, temor; al que honor, honor” (NBLA). Pablo mismo ejemplificó esa obediencia en su propia vida de servicio. Ya fuera encarcelado o libre, siempre trató a los que tenían autoridad con respeto mientras reclamaba los derechos y privilegios que le correspondían como ciudadano romano (Hechos 22:25; 23:5).

  • El desacuerdo con la política del gobierno no nos libera de nuestra obligación de pagar impuestos u obedecer las leyes. La desobediencia civil solo está justificada si es requerida por Dios o si se nos ordena hacer lo que está prohibido por Dios.

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