Utilizamos la palabra “odio” sin prestar mucha atención a lo que realmente significa. Me di cuenta de esto cuando mi hijo mediano comenzó a decir “odio esto” y “odio eso”. “¿Qué podría odiar un niño de cuatro años?” Pero yo también lo hago. Yo digo que odio que se deje algo en el mostrador. Odio los caminos resbaladizos. Odio, odio, odio.
“Odio” en el pasaje de hoy es algo mucho más serio que la forma en que usamos la palabra. No significa que a Dios simplemente “no le gusta” esto o aquello. Más bien, el hecho de que Dios “odie” estas siete cosas significa que Él las desprecia y las rechaza por completo. Estas cosas hacen más que hacer que Dios frunza el ceño; invocan Su animosidad y rechazo.
Eso me asusta porqué soy culpable de la mayoría de estos pecados. He tenido ojos que se enaltecen y lengua mentirosa. He ideado planes perversos. Me he precipitado al mal. He mentido y suscitado conflictos. Incluso he asesinado a personas en mi corazón, lo cual Jesús nos dice que es tan malo como el acto físico (ver Mateo 5:21–22). Al igual que el pasaje de ayer, estos versículos son una severa advertencia para proteger nuestros corazones y nuestras vidas, para que no nos encontremos en el lado equivocado de la furia de Dios.
Si se lee de forma aislada, este pasaje puede parecer paralizante. Al igual que los discípulos de Jesús, podemos escuchar esto y decir: “Quién podrá salvarse?” A lo que Jesús responde a sus discípulos y a nosotros hoy: “Para los hombres eso es imposible, pero para Dios todo es posible” (Mateo 19:25–26 LBLA). La mala noticia es que todos somos culpables. La buena noticia es que Dios ha provisto el perdón para las cosas que odia a través de la muerte y resurrección de Su Hijo, Jesucristo.
- Los siete pecados enumerados en la lectura de hoy pueden parecerte lamentablemente familiares también. Si eres culpable de alguno, corre a Jesús hoy y confía en Él para el perdón de tus pecados. Dios ha provisto una manera en que nuestros pecados pueden ser perdonados.
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