La primera y última Palabra

La primera y última Palabra

Lee Apocalipsis 1:12–18

Los libros y las películas a menudo tratan de visualizar el fin del mundo: se lanzan armas nucleares y destruyen el planeta. Una epidemia acaba con la vida en la Tierra. Los robots y la inteligencia artificial toman el control. Las personas se vuelven adictas a la realidad virtual. Los zombis merodean. Los extraterrestres conquistan a la humanidad. Por fascinantes que sean estos escenarios, hay pocas esperanzas de encontrarlos.

La lectura de hoy demuestra cómo los cristianos ven el fin del mundo, ¡y es una Persona! Jesucristo, el Primero y el Último, el Alfa y la Omega (v. 17; ver también Apocalipsis 19:11–16). Cuando Juan lo vio en una visión, se postró a Sus pies en adoración.

Cristo apareció como alguien “semejante al Hijo de hombre” (v. 13), un título mesiánico de Daniel 7:13–14. Su túnica y banda de oro lo identifican como sacerdote o posiblemente como juez. Su cabello blanco indica sabiduría y dignidad (v. 14). Sus ojos “resplandecientes” ven todo con precisión, denotando omnisciencia y justicia. Sus pies “ardientes” implican fuerza y estabilidad; pisotearán a Sus enemigos (v. 15 JBS). Su voz como “estruendo de muchas aguas” también sugiere poder (ver Ezequiel 1:24). Las siete estrellas en Su diestra son los ángeles de las siete iglesias (vv. 16, 20). La espada de doble filo que sale de Su boca simboliza Su palabra de juicio, y Su rostro resplandeciente Su gloria.

Los títulos que Cristo anuncia en el versículo 17 son muy significativos. “El Primero y el Último” muestra no solo que Él es eterno sino que Él es supremo sobre todo. “El que vive” ha conquistado la muerte y por lo tanto garantizado nuestra resurrección. Él tiene “las llaves de la muerte y del infierno”, lo que significa que tiene el control soberano del destino eterno de cada uno de nosotros (v. 18). Estas descripciones y títulos prepararon la escena para las cartas a las siete iglesias donde algunas de ellas volverán a aparecer en mensajes a iglesias específicas.

  • Una forma de orar de una manera fresca y significativa es usar el alfabeto. De la A a la Z, nombra un atributo de Dios y alábalo por ello (por ejemplo: A = Asombroso o Amoroso).

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