Lee Juan 17:6–19 No sé cómo funcionan todos los componentes de mi móvil, pero sí sé que si me olvido cargarlo nada funcionará. Jesús sabía que sus discípulos necesitarían trabajar juntos después de que él se fuera. Su éxito dependería de si estaban constantemente conectados a la fuente de energía: Jesús. Después de orar por sí mismo para glorificar al Padre, oró por sus discípulos. Jesús oró por su protección contra el maligno (v. 15). En la oración de Jesús se nos recuerda que se está librando una batalla espiritual entre los discípulos de Cristo y el enemigo. Después de la partida de Jesús de este mundo, entendió que la unidad de los discípulos estaría bajo ataque. Por lo tanto, oró para que se mantuvieran unidos, así como él y el Padre eran uno (v. 11). Su oración refleja su profundo deseo que sus discípulos superen los desafíos espirituales de este mundo uniéndose. Su éxito en transformar al mundo dependía en gran medida de que el Señor les permitiera trabajar al unísono. Jesús cerró esta parte de su oración orando para que sus discípulos fueran “santificados en la verdad” (v. 19). La palabra griega para “santificar” también se puede traducir como “apartar para uso sagrado” o “hacer santo”. Cristo usa esta palabra tres veces en las últimas tres oraciones enfatizando su súplica de que Dios los use para la misión del mundo (v. 18). Como suele hacer Jesús, da su vida como un ejemplo de cómo se ve una vida santificada al ir a la cruz en cumplimiento de su misión en el mundo (v. 19). Vivir para la misión de Cristo en el mundo es una tarea exigente y desafiante. Una de las partes más difíciles es simplemente identificar las tácticas que usa el enemigo para desviarnos del rumbo. Ora para ver claramente tu campo misional y pide la protección de Dios contra el enemigo.
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