Hoy vamos a hablar de esos noviazgos que no terminan en matrimonio. Y no, no es para tirarles hate a los “ex”, sino para entender, sanar y crecer.
Casi todos, en algún momento, hemos tenido una relación que creímos que era “la definitiva” y de pronto todo se vino abajo. A veces duele más porque esa relación era “en la iglesia”, con alguien que también decía amar a Dios, alguien con quien incluso oraste, serviste y soñaste.
Pero, hay que quitarnos ese peso. Las relaciones fallidas también forman parte del proceso que Dios puede usar para moldear nuestro carácter y prepararnos para lo que sí vendrá. ¡Quédate en Posmonautas donde navegamos sobre la cultura y la fe!
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