Lee Juan 7:14–24
“El hábito no hace al monje”, nos dicen. ¿Por qué no? Porque “no es oro todo lo que reluce” y “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”. Después de todo, “mala y engañosa ciencia es juzgar por las apariencias”. Un proverbio más antiguo lo expresa de esta manera: “hombre bien vestido por sus palabras es creído” y “la apariencia hermosa y por dentro es otra cosa”.
Estos refranes distinguen entre apariencias superficiales y realidades más profundas, tal como Jesús enseñó en la lectura de hoy (v. 24). Había sorprendido a la multitud al enseñar con conocimiento y autoridad. Los apóstoles luego asombrarían a la gente de la misma manera (Hechos 4:13). La expectativa era que tal persona hubiera sido entrenada formalmente por un rabino judío, pero sabían que Jesús no lo había sido. Entonces, ¿cómo pudo enseñar de la manera en que lo hizo? (v. 15).
En cierto sentido, la confusión de la multitud era comprensible. Los seres humanos generalmente adquieren conocimientos de varios maestros y experiencias a medida que crecen. Jesús tuvo la experiencia humana de crecer (ver día 24), pero también fue la Segunda Persona de la Trinidad y, por lo tanto, omnisciente. Cuando reclamó la autoridad divina, fue completamente apropiado (v. 16), pero lo denominaron como “endemoniado” y “loco de remate” (v. 20; Juan 10:18–20). Como en el caso de Pablo (ver el estudio de ayer), las expectativas de la gente eran limitadas y orgullosas. Un Mesías que sufría y tenía autoridad al mismo tiempo no encajaba en su expectativa. Eran espiritualmente ciegos y no entendieron que Jesús era completamente hombre y completamente Dios.
Jesús explicó que Su enseñanza venía directamente del Padre, no de un rabino (v. 16). Solo las personas que respondieran con fe y obediencia podrían reconocer esto (v. 17). La verdad de Su enseñanza fue validada aún más por el hecho de que buscó la gloria del Padre (v. 18). La enseñanza de Cristo confundió así las expectativas humanas. Debemos esperar que el aprendizaje piadoso haga lo mismo.
- Los educadores nos dicen que si escribes las cosas, las recuerdas. Tomar notas puede ayudarte a aprender. Considera tomar notas o llevar un diario escrito, un registro personal de lo que Dios te está enseñando.
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