Lee Juan 3:1–21
Cuando estaba en la universidad, perdí mi billetera, que contenía mi licencia de conducir, certificado de nacimiento y mi tarjeta de Seguro Social. Descubrí que es difícil reemplazar cualquiera de esos elementos sin los demás. Me pareció extraño tener que demostrar que nací. ¿No era prueba suficiente el hecho de que estaba vivo en ese momento? Por supuesto, el problema era más sobre la identidad que sobre el hecho de mi nacimiento.
En la lectura de hoy, Jesucristo informó a un líder religioso respetado llamado Nicodemo que, si quería “ver el reino de Dios”, debía “nacer de nuevo” (v. 3). Jesucristo usó esta sorprendente metáfora para recordar que Nicodemo tenía que ser transformado por el Espíritu de Dios a través de la fe en Él. Nicodemo fue miembro del consejo gobernante judío (v. 1). Seguramente, si Nicodemo tenía que nacer de nuevo, ¡todos los demás también!
Una explicación más completa viene en los versículos 16–17. Dios amó tanto
el mundo que envió a su Hijo amado como sacrificio, para que todo el que crea en él tenga la vida eterna. Algunas personas hoy pueden quejarse de que esto es injusto. ¿Por qué Dios condena a unos y salva a otros? Pero este pasaje nos recuerda que Jesucristo no vino a un mundo neutral. Vino a un mundo perdido para hacer posible la salvación.
Juan enfatiza la motivación de Dios al enviar a Jesucristo; Él nos ama (v. 16). Dios hizo esto no porque lo mereciéramos, o porque habíamos trabajado duro para ganarlo. De hecho, Juan lo describe de esta manera: “Esto es amor: no que amemos a Dios, sino que él nos amó y envió a su Hijo como sacrificio expiatorio por nuestros pecados” (1 Juan 4:10).
- ¿Quién eres tú? ¿Cómo te describes a ti mismo? Como cristianos, nuestra identidad se encuentra ante todo y solamente en Cristo. El amor de Dios nos convierte en una nueva persona, “nacida de nuevo” en Su familia y adoptada como Su hijo.
See omnystudio.com/listener for privacy information.






