DE IDA Y VUELTA

DE IDA Y VUELTA

Lee Génesis 43:1–34

¿Puede la gente cambiar? Esto ha sido debatido durante generaciones. Para la mayoría de la gente hay mucho en juego en esta pregunta. ¿Puedo volver a confiar en esta persona? ¿Debería perder la esperanza? Sin embargo, las Escrituras son claras en cuanto a que Dios puede transformar incluso el corazón más endurecido.

El plan de José de probar a sus hermanos para ver si habían cambiado se topó con un obstáculo. Prometió no proporcionar más alimentos para la familia a menos que trajeran a Benjamín a Egipto, pero Jacob se negó a permitir que Benjamín fuera. Cuando su suministro de alimentos disminuyó, Judá intervino. Razonó con su padre que, si no enviaba a Benjamín, de todos modos, moriría de hambre. Prometió: “Yo te respondo por su seguridad” (v. 9). Prometió que cargaría con la culpa si Benjamín no regresaba sano y salvo (v. 10).

La última vez que Judá pronunció un discurso persuasivo a su familia, fue para convencer a sus hermanos de que vendieran a José como esclavo (Génesis 37:26–27). Ciertamente sus prioridades habían cambiado. Jacob accedió a enviar al muchacho a Egipto (v. 14).

Cuando Dios transforma una vida, es posible que cambios reales y profundos sucedan. El apóstol Pablo nos recuerda que: “Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia ustedes han sido salvados!” (Efesios 2:4–5). Tenemos esperanza de un cambio real no porque podamos lograrlo en alguien más o incluso en nosotros mismos, sino porque adoramos a un Dios que es capaz de hacer lo imposible. El capítulo termina con Judá y sus hermanos de regreso en Egipto. José organizó una comida para ellos mostrando favoritismo hacia Benjamín (v. 34). Tendría su propia manera de discernir si sus hermanos realmente habían cambiado.

  • ¿Por qué somos naturalmente escépticos ante el cambio que ocurre en la vida de las personas? ¿Por qué podemos confiar en que Dios producirá un cambio auténtico?

Ora con nosotros

Padre amoroso, hoy te damos gracias por Tu preciosa Palabra que preservaste para nosotros a través de los siglos. Qué alegría es sumergirnos en su sabiduría y maravillarnos en sus riquezas y alabarte por Tu amor y misericordia.

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