Consecuencias y más consecuencias

Consecuencias y más consecuencias

Lee Levítico 20:1–27

En un país que visité, conducir era una experiencia aterradora. La gente no prestaba atención a los semáforos o carriles. Los automóviles conducían hacia el tráfico que venía para dar una vuelta. Viniendo de América del Norte parecía caótico. Le pregunté a un lugareño: “¿Existen leyes de tránsito?” Él respondió: “Ah, sí. Tenemos leyes, pero nadie las enforza”.

Levítico 18 y 19 nos presenta leyes que cubren muchos aspectos diferentes de la vida. Una pregunta de seguimiento natural es: “¿Qué sucede si se rompe una ley?” La lectura de hoy describe las consecuencias de la desobediencia. El lector moderno podría sorprenderse con la cantidad de infracciones que resultaban en la pena de muerte.

La pena de muerte estaba reservada para comportamientos que quebrantaban fundamentalmente el pacto de Dios con Israel. Cada caso de pena de muerte puede vincularse directamente con uno de los Diez Mandamientos. Por ejemplo, sacrificar niños a Molek quebrantó el mandamiento contra el asesinato y contra la adoración de otros dioses (vv. 1–5). Esta fue una infracción grave que puso a toda la comunidad en riesgo del juicio de Dios. La deshonra de los padres y el adulterio también requerían la pena de muerte (vv. 9–10).

Israel no requería la pena de muerte con tanta frecuencia como otras culturas antiguas. Por ejemplo, no se requería para asuntos de propiedad como el robo. Las personas eran consideradas más importantes que los objetos. Aun así, la razón de las consecuencias severas fue para que Israel fuera una nación santa, apartada para Dios (v. 26). Israel debía actuar de manera diferente a las naciones a su alrededor (v. 23). Si querían vivir en la tierra bajo la bendición de Dios, debían seguir las normas de Su pacto (vv. 22–24).

  • Dado que la iglesia no está bajo el pacto mosaico y tampoco es una entidad política de la misma manera que lo era Israel, estas consecuencias ya no están vigentes. Sin embargo, nos recuerdan que Dios toma el pecado en serio. También debería hacernos sentir profundamente agradecidos que Jesús cargó con el castigo del pecado por nosotros (Gálatas 3:13).

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