Lee Lucas 22:24–32
Cuando pensamos en el ministerio terrenal de Jesús, tendemos a pensar en momentos importantes como milagros y confrontaciones con los fariseos. Pero invirtió principalmente en un círculo cercano de seguidores, especialmente los doce discípulos. Como John MacArthur escribió en Doce hombres comunes y corrientes: “Jesús les enseñó las Escrituras y teología. Los discipulo para que vivieran una vida piadosa (enseñándoles, por medio del ejemplo, a orar, a perdonar y a servirse mutuamente con humildad). Les dio instrucción moral. Les hablo de las cosas que habían de suceder. Y los empleó como instrumentos para sanar a los enfermos, echar fuera demonios y hacer otras obras milagrosas”.
En este sentido, los cuatro evangelios son en gran medida relatos del programa de entrenamiento de vida de Jesús. La lectura de hoy es solo un episodio entre muchos. La ocasión aquí fue un vergonzoso desacuerdo sobre cuál de ellos era el más grande. Jesús les enseñó que en su reino la “grandeza” no consiste en poder o posición, sino en servicio. Jesús mismo estaba entre ellos como siervo (v. 27). Las formas egoístas en que se usa la autoridad en la tierra contrastan completamente con la forma en que la autoridad obra en el reino de Dios (vv. 25–26). Un día, se sentarían en tronos, “juzgando a las doce tribus de Israel” (v. 30), pero Dios es el Rey soberano sobre todo (v. 29).
Dios tenía planes para que estos hombres fueran líderes de la iglesia primitiva. Jesús los había elegido personalmente como Sus alumnos especiales después de mucha oración. Se preocupaba personalmente por su crecimiento espiritual y su bienestar (vv. 31–32). Ya sea que Jesús enseñó de manera expositiva, como en este caso, o mediante parábolas, milagros o lecciones objetivas (como lavarles los pies), a menudo invirtió las expectativas tanto de las multitudes como de Sus seguidores más cercanos. No se sabe cuánto entendieron los Doce en ese momento, pero más adelante el Espíritu les trajo a sus mentes las palabras de Jesús e iluminó su significado para ellos.
- ¿Cómo puedes aplicar esta lección hoy? ¿Puedes invertir los papeles y servir a alguien que normalmente se preocupa por tus necesidades? Dale toda la gloria a Jesús, quien nos dio el ejemplo a seguir.
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