Lee 2 Samuel 6:1–23
El arca del pacto ha capturado nuestra imaginación durante mucho tiempo, desde Indiana Jones y los cazadores del arca perdida, hasta documentales televisivos. En Éxodo, aprendemos que Dios mismo ordenó la construcción del arca (Éxodo 25:10–22). Fue colocado en el cuarto más interior del tabernáculo como representación de la presencia de Dios.
Durante años, el arca habitó en la oscuridad en la casa de Abinadab (1 Samuel 7:1). En la lectura de hoy, David trajo el arca a Jerusalén. Este capítulo nos proporciona tres cuadros de adoración ilustrados por Uza, Mical y David.
Uza fue uno de los sacerdotes encargados de transportar el arca. Decidió colocar “el arca de Dios sobre una carreta nueva” (2 Samuel 6:3). Esto nos toma por sorpresa. La Ley era específica sobre cómo se debía manejar el arca. Los sacerdotes debían llevarla en varas de madera (Éxodo 25:13–14). Uza decidió transportar el arca como lo habían hecho los filisteos (1 Samuel 6:7–8). Pensó que sabía más. Como dijo un comentarista, “en lugar de perderse en la adoración de Dios, [él] tiene a Dios en una caja y asume oficiosamente la responsabilidad de mantener a Dios a salvo”. El ejemplo de Uza nos recuerda que debemos respetar la santidad de Dios. La obediencia es fundamental para la adoración correcta.
Mical no adora. Observa desde fuera y critica. Ella evalúa el desempeño de David (v. 16). Es fácil simpatizar con Mical. Tuvo una vida difícil. Pero este pasaje muestra que ella no se refugió en el Señor. Su amargura le impidió la adoración gozosa. David se dedicó de todo corazón al Señor. No siempre entendía lo que Dios estaba haciendo (v. 8), pero todo su ser estaba orientado hacia Dios, y bailaba ante Él con abandono.
- Toma unos minutos y reflexiona sobre tu propia actitud hacia la adoración. ¿Eres más como Uza, Mical o David? ¿Cuáles son las cosas que te impiden adorar a Dios?
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